Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 33.

Relato – Doctor Nómada (novena parte) | Bonus track

Doctor Nómada (novena parte)

Leer la octava parte

Luz María, Luzma le decían todos en el pueblo, había tenido fiebre toda la noche. Para Leonila, su madre, no era sorprendente. Ya venía notándola decaída desde hacía algunas semanas, y cómo no se iba a enfermar, sí nunca traía suéter y había estado haciendo más frío, que ya de por sí era infame. Pero se preocupó cuando la llamó para desayunar, ya era tarde, sus hermanas se habían ido al escuela, y ni siquiera contestó, lo cual era raro que ya tenía muy buen apetito. Leonila se sorprendía al ver que se conservaba particularmente delgada, a pesar de ser más entusiasta en la mesa que sus hermanas.

Mientras servía la leche tibia, pan y arroz con frijoles, pensaba que la había notado más delgada últimamente. Al estar la mesa lista y con la abuela Leonor ya esperando, volvió a llamar a Luzma sin obtener respuesta. Leonila ya estaba molesta, tantos sacrificios para comprarles lo necesario, y ahora enferma, con los escasos que eran los doctores.

Al verla tirada en la cama temblando y sudando, sabía que no esta bien, la palidez de su piel era anormal. Intentó despertarla, pero seguía somnolienta y balbuceaba cosas sin sentido. Regresó al comedor a buscar el teléfono celular que habían regalado sus tres hijas el último cumpleaños, y que nunca tenía a la mano, para ver si tenía señal y marcar al doctor del pueblo.

Mientras revolvía cajones buscándolo le explicaba a su madre la condición de su nieta. Por fin lo encontró, apagado y con la batería drenada, quién sabe desde cuándo no lo usaba. Ya conectado y esperando a que el aparato se dignara a trabajar, fue por una olla con agua y varias toallas, para colocárselas húmedas en el abdomen, las piernas y la frente, como cuando les daba fiebre de pequeñas. Su hija respondió con algunos gemidos y palabras incoherentes.

Cada tanto le pedía a su madre que le dijera si la pantalla ya estaba iluminada para prenderlo y hablar con el médico del pueblo. Después de un rato la abuela Leonor la sustituyó para que fuera a desayunar, mientras ella continuaba con el intento fallido de quitarle la fiebre.

Leonila comió poco y se tomó el café sin dejar de prestar atención a la habitación y al maldito teléfono que no quería encender. Pensaba en llevarla sin más preámbulo, pero no infrecuentemente se ausentaban los dos únicos doctores del pueblo, y había que ir a buscar a localidades vecinas, pero sabía que la fiebre de Luzma y los caminos de terracería que implicaban esa travesía no eran buena idea.

Cuando por fin el aparato estaba en funcionamiento, no había señal en la casa, cosa que ocurría intermitentemente. Hoy no podía esperar, se salió y comenzó a caminar, con un ojo en el aparato y otro en el camino para no caer. Después de un rato Leonila volvió a la habitación de su hija, aún sudorosa de la caminata para encontrar señal y hacer la llamada, le dijo a su madre que no estaba ninguno de los doctores y sólo uno de ellos llegaría hasta el día siguiente.

Asi que, fue a uno de los cajones de su recámara y tomo un par de pastilla que les daba cuando se resfriaban, y continuaron buena parte de la mañana manteniendo fresca a Luzma. Cuando la adolescente dejó de temblar y comenzó a incorporarse de la cama, le dolía todo, como si la hubieran apaleado, pero entre su madre y la abuela, la llevaron al comedor y le recalentaron el desayuno, que apenas probó.

-Desde entonces, de eso ya varios meses no vemos la nuestra. Aquí insistían que era una infección y le dieron todos antibióticos de la farmacia, tomados e inyectados, a veces de los dos al mismo tiempo, y nada. Luzma mejoraba un tiempo, a veces mucho, a veces poco. Yo la veía cada vez más pálida, decaída, ni salía de la casa. A duras penas se levantaba de la cama para hacer lo indispensable. Casi sin apetito adelgazó mucho, estaba en los huesos, bueno, como ahora. No sabíamos qué hacer, intentamos todo, hasta brujas y chamanes vinieron a la casa, y nada, Luzma empeoraba de a poquitos.

Hasta que una mañana casi nos morimos del susto, estaba otra vez sudando y temblando, pero tenía moretones en todo su cuerpo, grandes y púrpuras, y donde no, estaba llena de puntos rojos, cubierta por todos lados, hasta la cara. No sabía qué hacer, así que, junte el dinero que tenía y con la ayuda de la abuela y mis hijas la subí a la camioneta y la llevamos con su gemela a la ciudad.

Me regañaron los doctores del hospital por haberla traído así, yo sola tantas horas, pero qué iba a hacer, aquí no hay ambulancias. tuve suerte de que me la aceptaran de inmediato, eso me dijeron otras personas que llevaban días esperando a que los atendieran -si debe estar muy enferma- me decían.

Ahí estuvimos mucho tiempo, dos o tres veces al día me informaban cómo iba y la podía pasar a ver, estuvo en terapia intensiva, una infección la estaba matando, porque algo en su sangre no funcionaba bien, pero no entendía qué, o tal vez si, pero me decían tantas cosas cómo para que yo no entendiera. A los poco días, vino la otra de mis hijas a sustituir a la gemela de Luzma, apenas comíamos y mal dormíamos en el suelo o alguna silla cuando se desocupaban, pero nos organizábamos.

Se tardó bastantes días en controlarse la infección, había ocasiones en que la veíamos muy mal y los doctores nos decían cosas peores, pero afortunadamente la pudieron sacar de ahí y alojarla en un piso donde hay paciente menos graves.

Todavía estuvimos algunas semanas, mientras le hacían estudios para saber qué había pasado, y aunque el hospital era público, a cada rato nos pedían cosas para atenderla, de todo, a veces hasta pensaba que nos lo pedían para revenderlo; medicamentos, material de curación, hasta una aguja para picarle los huesos. Si no hubiera sido por su papá y mi cuñado que nos mandaban dinero cada que podían, Luzma se hubiera muerto, como le sucedió a varios de los amigos que hicimos en las salas de espera, muchos no tenían ni para comer, les convidábamos algo, pero era imposible que compraran las cosas para su enfermo. Hacían lo que podían, pero tarde o temprano fallecían. Ya se sabía que si no tenías dinero para comprar lo que te pedían, sólo era cuestión de tiempo o suerte.

El día que nos la dieron de alta, no podía ni caminar, apenas lo mínimo, pero me dijeron que ya no podían hacer más y que si la dejaban más tiempo internada, iba a volver a infectarse y que los bichos del hospital son muy agresivos. Nos mandaron al hospital que nos queda aquí cerca, pero ese tiene menos gente y recursos, apenas unos cuantos doctores.

Ahí fue cuando empezamos a vender nuestras cosas, primero los animales y poco a poco las tierras y cosas de valor, para llevarla con un especialista. Nos dijo que Luzma tenía leucemia y una forma bastante agresiva, que requería un tratamiento muy costoso y aún así era probable que no funcionara. Nos recomendó la medicina que usted nos ayudó a mantener fría, y con eso la hemos ido llevando estos meses, a veces está un poco mejor, pero seguido se pone muy débil, y cada vez que le ponemos la medicina parece que se nos va a morir.

En todo este tiempo ya nos han estafado varias veces, doctores, enfermeras, gente de la farmacia, parece que estuvieran esperando a que no esté en una desgracia para sacar su tajada y hacernos la vida más miserable.

Por eso le pido que si está pensando que aprovechándose de mi madre, va a sacarnos algo, está muy equivocado, ya casi no tenemos nada, así que mejor déjenos en paz. No sé qué le contó a mi mamá, pero le tiene confianza, ella es mayor y sólo está esperando a quién le ofrezca una esperanza.


Bonus track

Esta semana estuve explorando nuevos senderos, y me encontré está casa tenebrosa.

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