Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 18.

Relato – ¿Por qué no puedo ser fan? | Poema – Sólo ha sido mía – Francisco Pinzon Bedoya | Reseña – El silencio y la cólera – Pierre Lemaitre | Frase robada – Antón P. Chéjov | Bonus track


¿Por qué no puedo ser fan?

Me hacía esta pregunta mientras platicaba con mi hermano, al salir de la feria La Feria del Libro y la Rosa, en la Universidad Nacional Autónoma de México. Entonces me di cuenta de que no era solo yo y que, haciendo memoria muchas personas de mi círculo cercano tampoco lo son.

Pero justo había quedado con una amiga y planeábamos saludarnos en la feria literaria. Me envió su itinerario, para mi sorpresa estaba lleno de actividades. También me mostró una pléyade de autógrafos y fotos con la crema y nata de la literatura mexicana.

Por mi lado, en teoría iba a tomar dos o tres talleres, con ponentes que desconocía totalmente, básicamente iba por el tema a tratar. Al final decidí irme a comer y sólo entre a uno. Di una vuelta por los pasillos de la feria y eso sí, compré un montón de libros y fanzines de pequeñas editoriales.

Esto confirmaba mi sospecha. Hay quienes podemos y quienes no podemos ser fieles y entusiastas seguidores de algo o alguien.

Desde pequeño nunca tuve esta acercamiento con los referentes, pienso que se inicia con los deportes, pero haber desarrollado una aversión muy temprana al fútbol me impidió tener equipo favorito. No tuve esa semilla que me enseñara a seguir y apoyar una causa.

Creo el siguiente estímulo es el religioso, sin duda uno de los más importantes, tampoco lo sentí propio, a pesar de los intentos de mis padres por volverme católico practicante, se fracaso en el objetivo.

Durante una época si que estuve muy cerca de ser un seguidor digno. En la adolescencia fui profundamente influido por mis primos que, si eran muy fanáticos del rock, pero de una vertiente bastante oscura llamada death metal; y ser fan de algo minoritario casi siempre le quita valor, pero esa es otra discusión. En esos años nos formábamos horas afuera de una tienda de discos; que por cierto nos quedaba bastante lejos y no teníamos auto; para que nos firmaran un autógrafo. Cruzábamos la ciudad para ir a los conciertos, obviamente usaba sus playeras y compraba los discos.

Esa época habrá durado máximo cuatro años, era muy divertida y fascinante, creo que la aportación más relevante es la ilusión que, se genera al crearte una figura totémica y tenerla literalmente a tu alcance o a través de la comunidad. Tuvo sus momentos gratos que ahora son parte de mi nostalgia.

La universidad hizo virar mi camino y jamas volví al universo del entusiasta seguidor. Tampoco creo ser un tipo estéril que no tiene pasiones o intereses. Tengo cantantes, escritores, deportistas, directores, pintores, poetas, etc. que son mis favoritos y tienen un lugar en mi corazón, pero me encuentro muy lejos de ser su consumado seguidor.

En alguna conferencia le escuché a Juan Villoro una frase que no recuerdo si era propia o ajena, pero hacía referencia a que, esos referentes, esos ídolos, es mejor tenerlos lejos y apreciarles en ese lugar idílico que les hemos creado. Pienso que esa es una muy bonita justificación a mi pereza y profundo desínteres por ser fanático de algo.

No puedo negar que en casa las cosas que sonaban a obsesión, adicción, o endiosar no se promovían mucho, así que eso también cuenta.

Disfruto mucho mis aficiones que no son pocas, pero desde una visión mas íntima aunque también distante, acotada, y por supuesto muy individualista. No sé si es miedo a que el ídolo me defraude o el resto de los fanáticos.

Aunque también creo que es un tema de definición, es decir ¿cuáles son los requisitos para declararme fan de algo o alguien? En el consultorio tengo decenas de figuras de star wars que los pacientes me han regalado durante años, siempre me preguntan si soy fan. Mi respuesta inmediata es negativa, claro que me gustan, pero ni de lejos podría ser tan erudito en el tema como muchos que conozco. Entonces ¿cuáles son los elementos básicos para ser o no fan de algo o alguien?

Yo creo que tan sólo el sentirlo, finalmente tú decides si eres parte de algo más. El problema viene con la interpretación de la sociedad sobre las obligaciones que el seguidor debe contraer para portar tal insignia, y esto puede ser muy potente, categórico y absorbente. Lo cual, a mi, me parece inaceptable, podrás no ser tan fan como los otros, pero eso no te impide tener un particular interés y desarrollarlo de la manera que más te satisface.

Pienso en quienes nos decimos fanáticos del atletismo, en especial del correr, como es mi caso. Hay gente que sabe muchas más cosas de atletas, carreras, usa la ropa de su corredora favorita, anda a la caza de firmas y viaja a donde sea necesario para presenciar las proezas de su ídolo. Pero corre, y mal, diez kilómetros. Por el contrario a mi me encantan las ultradistancias y sería muy pedante demeritar la corta distancia de mi contraparte; pero igual debiera serlo el demeritar mi falta de pasión por conocer santo y seña del ídolo de la temporada. Entonces ¿ambos somo fans, pero no de lo mismo? se asoma la terrible pregunta ¿qué somos?

Finalmente, salí muy contento de mi paso por la feria del libro, y todo indica que mi amiga también, al final no nos vimos, yo me fui a comer una deliciosa pizza y ella a escuchar a sus ídolos en vivo y a todo color. Así que, todos felices con sus visiones del mundo.

Eso responde a mi pregunta, no puedo ser fan, porque estoy satisfecho de no serlo.


Sólo ha sido mía – Francisco Pinzon Bedoya

Ten cuidado cuando vuelvas
a mi herida
y te pasees como si no hubieras vuelto
Ten paciencia con mis ruegos
que se han quedado
atados a las rayas de mi cuaderno
Ten la luz dispuesta y última
para ver
de qué están hechos los luceros
que otras noches tejí para esos miedos
que tuve de ti
y que nunca fueron ciertos
Ten presente aquellos niños
que éramos
al confuso olor de los peligros
cuando en noches de vientos
nos quisimos sin dolor
ni miramientos ni testigos
Ven al centro de mi vida
que los libros míos
te sonríen
y encontrarás ese espejo
que atrapó una historia
que quiso ser nuestra
pero que sólo fue mía


El silencio y la cólera – Pierre Lemaitre

En consecución a El Ancho Mundo, esta segunda parte de la serie Los Años Gloriosos, continúa describiendo las subtramas establecidas desde un principio; que sustancialmente son las de los hermanos Pelletier.

En esta extensión del mundo de la post guerra no esperen nada novedoso, es tal cual la continuación de lo que se quedo abierto en la primera entrega. Por lo que esta tetralogía se diferencia de la trilogía de Los Hijos del Desastre que sí se podían leer de manera independiente cada uno de sus tomos, en este caso, al menos para la segunda entrega esto no ocurre.

Lo que leeremos satisface nuestro morbo de maneras muy creativas. Esa es la magia de Pierre, cada capítulo rara vez es de relleno, siempre es una microaventura que, nos deja boquiabiertos, aunque estilísticamente es bastante pobre, el desarrollo del personaje es una joya, cumpliendo la regla de llevar a tu personaje al máximo. La principal virtud es que, lo hace de manera sucinta y contundente, ahorrándonos la aburrida cotidianidad que padece cualquier ser humano, incluso aquellos tan complejos y siniestros como los hermanos Pelletier.

Es adictiva la forma en que los va retorciendo, exprimiendo, pero sin romperlos.

Mención especial le daría a Genevé, esposa de Jean, personaje que despierta una repulsión atávica.

No está de más decir que es un libro absolutamente comercial, que no aporta nada salvo entretenimiento, tal vez bajo una fórmula algo desgastada y ligeramente insípida, en comparación con otros trabajos del francés. Pero cumple lo que promete y el libro se va como agua entre las manos, esperando ya continuar con el resto de la tetralogía.


Frase robada – Antón P. Chéjov

Las bebidas calientes se asemejan al agua de mar y a la gloria: cuanto más se bebe de ellas, mayor es la sed.


Bonus track

Naturaleza reviviendo, la pobre no sabe si hace frío o o calor, si llueve o está nublado, se debe florecer o aguantarse.

No sé si es Berlin y presencio una instalación de algún artista de vanguardia o es la Ciudad de México y le parece que, es la mejor forma de evitar que se la roben. Aunque tal vez solo es un espíritu anarquista.

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