Relato – Un mundo raro | Poema – Indeseable – José Emilio Pachecho| Reseña – El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes – Tatiana Tibuteac | Frase robada – Fernanda Trías | Bonus track – Lo fatal – Ruben Dario
Un mundo raro
Este mundo se está poniendo agresivo o puede que siempre haya si así y que mi percepción ha cambiado.
La hostilidad aparece en cada esquina, incluso en los lugares que pensaba eran santuarios. Familia, amigos, trabajo; ya no hablemos de redes sociales o aplicaciones en el teléfono, cine, periódicos y mucha literatura.
Intentando lee El Quijote, es patente que el mundo hace más de cuatrocientos años ya era así, o él también así lo veía. Parecía que alucinaba, pero servía para subrayar o hacer notar a través del contraste, lo factual de la violencia cotidiana, normalizada, pero particularmente anestesiada.
Paradojicamente en esta modernidad se consolida la felicidad, la comodidad y el bienestar como la industria que mueve y justifica todo. A lo largo del día somos principalmente un medio para transferir de un lado al otro, normalmente hacia quién ya posee cantidades groseras de recursos.
Dejamos de ser ciudadanos, para convertirnos en consumidores. Desde que sales de casa, ya sea en el transporte público, en el auto, en bicicleta o caminando, todo el tiempo buscan tus ojos y oídos para venderte algo, hasta cuando crees que sólo te estás divirtiendo escuchando un podcast, u observando la idílica vida de tus contactos, incluso ahí, o predominantemente ahí, cientos de empresas están crean un perfil superior a tu imagen y semejanza para que, tarde o (más bien) temprano te vendan algo, o le venda a alguien tu perfil a alguien que te venda algo.
Todo el día esquivando el equivalente virtual de una o miles de minas antipersona, aquellas que en la praxis buscan herir gravemente, mutilar, de ningún modo matar, tan sólo desmoralizar al enemigo; eso buscan con nuestra libertad de pensar o actuar.
Apenas abro los ojos, normalmente cansado, y tengo que hacer mi mayor esfuerzo por no decirle al teléfono que ta me desperté. Camino al trabajo donde antes solo había casas o en el peor escenario grafitis, pintas, hoy está lleno de anuncios brillantes y coloridos. ¿Sólo para mí son molestos, excesivos, intrusivos?
Imposible tolerar el silencio, así que escuchas o pero aún lees mientras manejas, mensajes o ideas de segunda mando, simples y sencillos; pero altamente eficaces cargados de irracionalidad, apenas regurgitados de boca en boca, sin alma ni pensamiento. Los mismos que usará para llenar el vacío en el elevador, antes de una innecesaria y burocrática junta, o en esos ejercicios de postureo con tu selecto grupo de amistadaes. Vivir una vida de segunda opiniones, pensamientos y sentimientos de segunda mano, una subsistencia fugaz.
Si eres de los privilegiados, o anormal, o anacoreta que intenta encontrar un huevo para escucharse, para permitir que la nada le roce la mano, tendrá una, dos o más pantallas advirtiéndole del pecado de la improductividad, te hace recordar que todo se puede mercadear.
Miedo tengo y por tanto apago el interruptor (ojalá el botón funcionara) para no ver cómo tus cercanos cada vez están más lejos de ti y más cerca de esa pantalla que nos muestra un universo absurdo, innecesario, polarizado, intolerante. Así que sólo queda escuchar con tristeza cómo se te han desquebrajado los referentes, y sales más sólo de lo que entraste.
¿En qué momento la interacción con los otros se transformó en un monólogo? ¿Cuándo dejaron de enriquecer las conversaciones? Para solo ser ahora la confirmación del absurdo. Infeliz este mundo en el que la gente convive, te drena, ta cansa, te seca. ¿Cuándo fue la última vez que saliste estimulado, animado o esperanzado de una reunión?
Sólo espero el ocaso deseando que en mis sueños haya tristeza, sufrimiento o felicidad y pasión, pero mías. Espero que a nadie se le ocurra un “revolucionario” dispositivo que optimice el sueño, y así seas más productivo y de pasada, así como llevaron nutella a la luna; ahora promuevan la champions mientras te duermes. De momento ya llevan el camino andado, no por nada de adolescentes que duerme menos de cinco horas cada noche aumenta, en la misma proporción que se reduce el número de personas que lo hace ocho horas o más. Pero también, aún no sé a quien culpar o culparme, a las cuatro de la mañana un pensamiento absurdo en su diurno habitat, se me injerta en el cerebro para rumiar escenarios y pensamientos que no llevan a ningún lado.
Estoy, o estamos en realidad no sé, en un laberinto de topología y teselaciones aberrantes. Lo que sí sé, es que quiero y no encuentro la salida, un atisbo de absurda y pueril esperanza, un mensaje simple eficaz y contundente. Algo como ese mensaje en una botella en medio del mar que le escuche a Juan Tallón dedicando un libro con la siguiente frase “con la esperanza de que el futuro tengamos más tiempo para hacer menos cosas”.
Indeseable – José Emilio Pachecho
No me deja pasar el guardia.
He traspasado el límite de edad.
Provengo de un país que ya no existe.
Mis papeles no están en orden.
Me falta un sello.
Necesito otra firma.
No hablo el idioma.
No tengo cuenta en el banco.
Reprobé el examen de admisión.
Cancelaron mi puesto en la gran fábrica.
Me desemplearon hoy y para siempre.
Carezco por completo de influencias.
Llevo aquí en este mundo largo tiempo.
Y nuestros amos dicen que ya es hora
de callarme y hundirme en la basura.
El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes – Tatiana Tibuteac
El cuarto mandamiento indica “honrarás a tu padre y a tu madre”. Tal como se esperaba, el uso de reglas para la contención del orden social (pueden llamarlo leyes, religión, código de conducta, etc.) genera conflictos, pareciera que el enfrentamiento es una cualidad intrínseca al pensar y sentir humanos. Ojalá Alan Turing hubiera usado el conflicto como una de las capacidades a superar en su famosa prueba, y así hoy por hoy, no llamaríamos IA a la bazofIA que nos inunda hasta en el retrete.
Pero regresando a los conflictos maternos-paternos-filialales, existen incontables casos reales y bastante cotidianos sobre la herejía ejercida ante el cuarto mandamiento. Algunos de ellos francamente inhumanos y otros hasta comprensibles, es decir hay de todo en la viña del señor (siguiente el tenor religioso).
En esta primer novela de la moldava Tatiana Tibuteac se explorar una relación materno-filia muy tortuosa, determinada en buena medida por el trastorno psiquiátrico del hijo y seguramente un entorno social y cultural que llevaron a la madre a tomar algunas decisiones que no ayudaron.
Propiamente no se explora la génesis de la desastrosa o ausente relación madre e hijo. Tiene un inicio in media res que progresa continuamente hacia futuro (muy) finito de ella que, tiene “un cáncer rabioso” y su único deseo es morir intentando apagar el infierno que la separa de su hijo. Esto hace que el inicio sea cruento y perturbador, pero una vez establecido el escenario, en la campiña francesa, en la que pasarán sus últimos días juntos, el cáncer crea metástasis, pero no solo de células que devastan cada uno de sus órganos, sino también de las pocas emociones que existían entre ellos, potenciándolas en búsqueda de redención.
Desde esta perspectiva el argumento es un cliché, en el que el amor perdona y puede todo, y que sucesos tan determinantes como la muerte pueden ser el detonante. Pero el hecho de que el hijo sea un enfermo psiquiátrico y que a partir de esta mezcolanza encuentra la exención en el arte, transmutando de un apestado a una figura notable, le torna de cierta excentricidad.
Sin embargo, y más allá del lugar común, la capacidad de Tatiana Tibuteac para explorar los personajes está bastante bien lograda, permitiendo introyectar al lector en lo que todos, en mayor o menor medida experimentamos. Al final del día no hay familia perfecta, aunque parezca.
Es una novela que lleva a la reflexión y espero me sea de utilidad, que buen falta me hace. Al final el corolario de la obra está en una frase perdida, donde ella le dice “te he querido como he podido”.
Frase robada – Fernanda Trías
Para la vida no se necesita diccionario, dejamequetediga, se necesitan conocidos y obediencia.
Bonus track
Les dejo el podcast de gente aburrida, donde hablamos de la película de Mario Bros de hace cuarenta años


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