Relato – Réquiem por la redes sociales | Bonus track
Réquiem por la redes sociales
Desde que nací y hasta los veintitrés años, me enteraba de lo que ocurría en mi círculo familiar y amistades a través de la presencialidad. Para informarme sobre mis intereses, pasatiempos y educación, recurría a la materialidad; libros, revistas especializadas, algún fanzine o publicación independiente. Y de lo que pasaba más allá de esas fronteras, me arropaba en una primitiva virtualidad, en dos connotaciones. Virtualmente me importaba poco o muy poco lo que superaba mis límites físicos. Y si la sociedad “te obligaba” a interesarte por estos lejanos sucesos, los resolvía con la radio y televisión.
Hoy, para sorpresa de muchos, se podía vivir, y no en la época de las cavernas ni en la ignominia, es más, décadas y cientos de años antes esos eventos lejanos eran comunicados aún más despacio y con menos eficacia. En esas circunstancias se sentaron las bases de los medios digitales de comunicación que usamos desde hace veinticinco años.
Esto viene, no a modo de nostalgia, que honestamente puede oler a choquía e incluso ser inerte. Lo comento por el hecho puro, duro y tácito de que el 98.75% del tiempo de la humanidad después de Cristo, ha transcurrido sin redes sociales, tal como las conocemos actualmente, no en su sentido social o antropológico.
Es innegable que estas tecnologías han perfilado nuestra realidad, pero siguen siendo jóvenes en una perspectiva más amplia, y sólo para la generación zeta y las que le siguen, se pueden considerar totalmente nativas, para todo el resto han sido tecnologías de transición, adquiridas, esto es para cerca del 75% de la población mundial. Toda esta diatriba es para pedirles (salvo a los nacidos desde el años 2000) sensatez cuando comenten con tono asombrado, ofendido y voz chillona “no sé que haría sin redes sociales” o peor “el mundo es inadmisible sin redes sociales”, porque su paquete de nacimiento y crecimiento no las tenía incluidas.
Algo que no ha cambiado desde que la humanidad es lo que es, ha sido su interés por saber lo que ocurre a su alrededor, ya sea con fines puros o perversos, es algo muy atávico. Cumpliré entonces con esa tradición y contaré, cómo a cuentas gotas han ido muriendo las redes sociales para mi.
Juan José Millás en el periódico El País dice “no [hay] que poseer cosas que no [seas] capaz de cuidar”. Perspectiva que no considera al operario, usuario o humano que toma esa responsabilidad, pone la perspectiva utilitarista del objeto (aunque luego ahonda sobre el impacto que esto tiene en la sociedad) . Pero incluso esa perspectiva pasa desapercibida cuando llenamos el teléfono (que básicamente es una extensión de nuestra vida) con las innumerables aplicaciones para mantenernos en contacto y comunicación con los que queremos. Vale la pena acotar esto último, todas las aplicaciones y sus modelos de negocio están diseñados para generar ganancias (no pocas) a sus dueños, no buscan un avance o mejorar de nuestras relaciones sociales. Ya instaladas y habiéndoles dado autorización total sobre todo el contenido del teléfono, comenzarán a hacer de manera cotidiana (o mucho más frecuentemente) lo que por ejemplo, tu automóvil hace cada tantos miles de kilómetros, pedir tu atención para que “las cuides”.
De este modo nos llenamos de cosas a la que hay que cuidar, hay que alimentarlas, informarlas; y no porque mi madre y mi padre (que tengo abandonados) estén preocupados por ver la foto de mi desayuno o esperen con ansia y devoción mi cuidada selección de memes. No, la aplicación quiere atención y cuidado porque mientras más lo hagas, el modelo de negocio cumple su propósito.
Pero si piensan que soy un ludita de principios del siglo XXI, no es así. Así como en sesión de Alcohólicos Anónimos, debo confesar que tuve muchas de las aplicaciones de redes sociales (primero en su versión para computadora y después su edición adictiva para el teléfono). Hi5 o myspace (no recuerdo exactamente con cual me inicie), facebook, instagram, pinterest, youtube (si, también es considerada red social), linkedin, snapchat, vine, tumblr, twitter (cuando así se llamaba), swarm, threads, medium y substack; tal vez se me escape alguna pequeña o que no tuvo tanto impacto, pero mi freno fue tiktok, que ahora que lo pienso, abrí un perfil y no recuerdo exactamente para qué (creo que para poner poesía, fracaso asegurado); sobre esto último agregaré a mi currículo la insignia de “sobreviviente del tiktok”, una de las redes más adictivas.
Como era esperable todas me gustaron, que para eso le meten millones de dólares y contratan a las cabeza mas brillantes. Pero tras varios años me afinqué en youtube, instragram, facebook y linkedin; no poca cosa. No me pregunten qué demonios esperaba de ellas, porque la respuesta puede ser extensa y seguramente confusa, pero lo que empezó como medio de expresión y/o comunicación, terminó como forma de buscar obtener reconocimiento efímero (es decir un me gusta qué significa realmente, pero cuanta paz otorga); pero además también e ilusoriamente cumplir con la primera ley de la meritocracia, monetizar todos incluyendo tu vida, profesión y familia.
En mayor o menor medida todas me “regalaban” reconocimiento, pero como decía Juan José Millás, hay que cuidarlas, incluso contratando a un tercero (tercera en mi caso) para que me ayudara, y honestamente en mi debacle así fue como se hicieron cargo de ellas por al menos un par de años. La única que cumplió la promesa de monetización directa, osea recibir dinero en la cuenta del banco, fue youtube; tampoco era que me entregaran las joyas de la corona, unos cien dólares al mes (insuficiente para pagarle a la community manager), juntando dos canales, uno de gastroenterología y otro de hepatología, con cerca de 100,000 seguidores y un poco mas de 300 vídeos. Pero este aparente beneficio venía cargado de un número basto de comentarios a los que alguien “tenía” que dar respuesta. Todos ellos; exagero, el 99% de ellos; variaban entre mensajes de odio y la evidencia empírica de que a un gran porcentaje de la población le faltó ácido fólico durante la estancia en los vientres de sus progenitoras. De este modo el trabajo, que claramente no pagaba ni la gasolina, implicaba crear vídeos, es decir varias horas invertidas y encontrar una cantidad ingente de eufemismos para evitar decirle a mis seguidores que sus comentarios eran una rotunda idiotez.
En facebook con 16000 seguidores ocurría algo similar. Y bueno, en instragram intentaba que fuera “mas personal”, lo cual implicaba ser políticamente correcto e intentar cumplir con el estereotipo de blanquitud y bienestar que norman lo cánones. De los casi 1000 seguidores recibía esos me gusta (cerca de diez o doce por publicación) que eran como un bálsamo para mi autoestima clasemediera.
Finalmente linkedin, con casi 7000 contactos, creía que era mas neutral o al menos profesional, pero al final se transformó en un twitter o instagram de la oficina, siendo la única diferencia que había menos mensajes de odio; bueno hasta que se me ocurrió criticar al bodrio de donald trump, y un whitexican se transformó en su adalid y confirmó que era un racista de enciclopédica ignorancia.
Sería muy difícil y largo explicar los motivos de mis decisiones; esta relatoría ya de por sí se esta alargando demasiado; pero fueron muriendo una a una, dejé de interesarme primero en facebook, luego youtube, linkedin e instagram. Esto se fue dando en los últimos dos años (tal vez más tiempo con facebook). Inicié quitando las notificaciones de en el teléfono o por correo, luego desinstalando las aplicaciones e incluso ya ni en la computadora las veía.
¿Y saben qué pasó? Nada, osea no me sentí liberado del yugo de las megacorporaciones, ni mucho menos con renovada autoridad moral, pero tampoco me siento en la edad media (y eso que hasta spotify abandoné).
Llegados a este punto tendremos la esperada sesión de preguntas y respuestas.
¿Cómo te enteras de lo que pasa con tu familia y amigos?
Como puedo, en general cuando me encuentro con la gente cara a cara me actualizan, sé que no con el detalle ni la inmediatez de antes, pero no siento que me esté perdiendo de algo relevante.
¿Sabes algo del mundo o la misantropía te devoró?
Leo casi a diario el periódico El País (no es comercial) y a través de una aplicación que lee RSS me llega información de medios periodísticos directamente y sin interpretaciones, ni intermediarios. Y si algo es lo suficientemente importante para saberlo en tiempo real, alguna persona me lo hace saber, pero de manera espontánea.
¿Y tus aficiones o intereses personales cómo los satisfaces?
Esta es la noticia más importante, una anatema, tengo (en algún modo de posesión) una red social que se llama Mastodon, pero aún no están preparados para tener esa conversación.
¿Sigues usando alguna red social popular aunque sea en secreto?
Uso los estados de whatsapp, cada vez menos, pero ocasionalmente tengo mis caídas. Y subo imágenes o enlaces siguiendo la estrategia meme->meme->mensaje anticapitalista. Pero sólo estoy esperando que pongan publicidad y también dejaré de usarlos.
Pues bien esta fue la triste historia de mis redes sociales, que no intenta ser una fábula, sino la descripción de su agonía, muerte, entierro; y por supuesto su réquiem.
Nota: el uso inadecuado de algunas mayúsculas es completamente deliberado y es una expresión de motivos.
Bonus track


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Tengo noticias… la publicidad está llegando a los estados de WhatsApp.
Si, lo sé. Justo por eso lo mencionaba, seguramente en breve también dejaré esa reminiscencia de las redes sociales populares, y seguiré en mi cueva en Mastodon.