Crónica – Luciérnagas | Poema – El mañana – José Emilio Pacheco | Reseña – Gel azul – Bernardo Fernández (Bef) | Frase robada – Felipe Polleri | Bonus track
Luciérnagas
Desde hace un mes no podía escaparme de la ciudad, ni de mis responsabilidades. Noto que, me hace falta la montaña cuando llego y en mi mente, una serie de cosas por hacer retan a las manecillas del reloj durante ese fin de semana; esto confirma la deficiencia de paz y naturaleza. Pero conforme pasan las horas, poco a poco, me voy olvidando de los proyectos y pendientes, los cuales pensaba resolver cronometradamente; al final me dejo llevar por una dinámica distinta, la de la lluvia que no se termina de decidir o los insectos que arrullan día y noche.
Ya me preparaba para dormir, la música y la animada plática de los vecinos despertaron mi curiosidad, me asomé por la ventana, no veía nada, intenté un rato más sin éxito, sólo ruidos anónimos. Me perfilaba a volver a mi rutina nocturna cuando un minúsculo chispazo de luz en la parte más extrema del campo visual recorrió y rastreó entre mis neuronas; hacía años que las esperaba, incluso pensé en hacer una expedición en la profundidad del bosque para encontrarlas.
Me olvidé del reguetón y las risas forzadas de la casa de a lado, comencé a fijar mi atención en la oscuridad, no es tarea fácil mirar hacia donde no se ve nada, al poco rato otra vez, un estímulo luminoso, duró menos de un segundo, su trayectoria errática confirmó mis sospechas, habían vuelto las luciérnagas.
Bajé despacio, como si el crujir de los escalones las fuese a espantar, ya en la terraza los focos incandescentes me impedían ver hacia la negrura del horizonte, lentamente comencé a apagarlos, es difícil conservar la calma; esos insectos luminiscentes, apenas unos cuantos, suelen estar de paso, no es como esos lugares turísticos que se alquilan para ir a invadir su nocturna intimidad. Probablemente no vuelva a verlas sino hasta dentro de algunos años, en el incierto futuro sin saberlo nos pondremos de acuerdo para encontrarnos, en la fecha y la hora precisa, y su fulgor me obligue a extinguir la luz artificial, para saludarnos un instante, como ocurrió la última vez hace dos o tres años.
Ya en la oscuridad natural de la cabaña me mantuve viendo al infinito, la técnica es estar atento a cualquier punto luminoso y vigilar con cuidado unos metros alrededor, pueden reaparecen detrás o al lado, en un pequeño hueco de la inmensidad. Me emociona la serendipia, saber si estoy viendo al lugar correcto o no.
Lo logré un par de veces más, algo lejanas, volando en el jardín. En mi arraigado agnosticismo eso es un milagro. Me mantengo en la terraza con algo de frío; no me dio oportunidad de ponerme algo que me protegiera; pero se fueron, ya no las vuelvo a ver, esto ocurrirá otra vez no sé cuando.
Regreso a recostarme en la cama y continuar con mi diatriba de ignorar mis lastres y responsabilidades, no dejo de pensar en esas luces erráticas, en su tono verdoso apenas milimétrico que, explotan en una fracción de segundo para volver a la oscuridad. Tras haber experimentado una perfecta alegoría de lo que es la felicidad, me duermo sonriendo.
El mañana – José Emilio Pacheco
A los veinte años nos dijeron: «Hay
que sacrificarse por el mañana».
Y ofrendamos la vida en el altar
del dios que nunca llega.
Me gustaría encontrarme ya al final
con los viejos maestros de aquel tiempo.
Tendrían que decirme si de verdad
todo este horror de ahora era el mañana.
Gel azul – Bernardo Fernández (Bef)
En un México del futuro, buena parte de la vida, literal de la vida, ocurre en un estado de suspensión en gel azul que, sirve como interfaz para habitar el universo digital, esto permite realizar cosas inimaginables abstrayendo a sus usuarios de la corporeidad. Hasta que, un atentado contra el hombre más rico del país implicando la violación de su hija y asesinato del nieto, da paso a una novela policíaca al más puro estilo Neuromancer con sabor a torta de chilaquiles. Sin embargo, tiene personalidad propia y no se siente la apropiación, sólo una profunda influencia.
Ese futuro de algún modo plausible es desolador, se reproducen y magnifican los vicios derivados de la tremenda asimetría social y económica que sin duda estaba basada en nuestra realidad tácita.
Es una muy buena novela de ciencia ficción para no puristas del género que, por fin ocurre lejos de Nueva York, Tokio o París.
Frase robada – Felipe Polleri
…lo cierto es que las peores trampas son las que no se tiende a sí mismo.
Bonus track



