Crónica – Un gran centro comercial | Poema – Inédito – Jaime Sabines | Reseña – Un nosotrxs sin estado – Yásnaya Elena Gil | Frase robada – Noela Lonxe| Bonus track – La Isla – Silvia Eugenia Castillero
Un gran centro comercial
Por razones ligadas profunda y genuinamente con el código postal de mi nacimiento, la historia de mis viajes y turismo comenzó bastante tardíamente. Estoy casi seguro de que, la primera vez que viaje a Europa fue a Barcelona, ahora que le pongo tinta a mis recuerdos, nunca he ido (salvo una ocasión) a ese continente sino por motivos profesionales, si viajé a varios países con motivación meramente turística, pero cuando estuve viviendo una temporada en Italia, en Trieste.
Como decía mis viajes trasatlánticos siempre han estado cobijados por actividades profesionales, estos es un gran eufemismo para decir que siempre he conseguido un mecenas que financie mi estancia. No negaré ante tal evidencia que, podría ser considerado un vividor, pero bueno el mecenazgo ha sido parte de la historia del arte y la ciencia.
En esta vida de sacacuartos científico; después de Venecia que, era una parada obligada siempre que alguien iba de visita a Trieste; la ciudad que más he visitado es Barcelona, en la cual he tenido historias interesantes que merecen ser mencionadas en otro momento. Estos recuerdos se amalgamaron con varias lecturas de ficción que ocurren en Cataluña, pero indudablemente Carlos Ruiz Zafón (1964-2020) en su tetralogía titulada El Cementerio de los Libros Olvidados, representa con nostalgia y misticismo una ciudad que, dejó una impronta muy notable en mi sentir y mi pensar.
Por lo tanto, tras al menos un par de lustros después de mi última visita (bastante fallida porque solo llegué al aeropuerto); el hecho de que un mecenas me ofreciera volver con el pretexto de un congreso médico y una reunión de trabajo, me pareció una gran oportunidad que, no dejé pasar.
Además de las perspectivas profesionales que, estaban bastante bien acotadas, me interesaba volver a recorrer sus calles; con la ilusión de alejarme de las grandes atracciones que ya había conocido en épocas pasadas. Confiaba en que, alejándome de las hordas de gente tomando las mismas fotos que van a los mismos lados, me aportaría una visión renovada y tal vez más genuina.
El itinerario incluía librerías, tiendas de música y fotografía, algún restaurante y algún museo. Tenía algunos puntos de referencia y muchas ganas de caminar. Pensé que para mi buena fortuna el hotel donde me hospedaba no estaba en la zona más céntrica de la ciudad, así que el plan estaba razonablemente trazado; digo esto porque normalmente ocurre que, las ciudades ajenas son como un animal huidizo, te muestran lo que desean muy a su manera y con cierto recelo, esta ofrenda se logra caminándola sin expectativas, cuando menos lo esperas algo te sorprende y lo atesoras.
No sé qué fue lo que pasó, todo pasaba y ocurría de maneras muy extrañas, cantidades ingentes de turistas en todos lados, tanto que, una de las fotos que más me gustó fue de una pequeña calle con apenas un par de personas, algo anormal. Marquesinas demasiado lindas, excesivamente luminosas, pidiendo a gritos (en inglés) que, le tomaras una foto para etiquetarla en redes sociales o le dejaras una reseña en google maps, calle tras calle la escenografía no cambiaba. Tras varias horas una pequeña tienda de discos y una librería confirmaban mis hipótesis, éramos demasiados visitantes, los hemos invadido y ya no pueden ser melómanos o libreros, sino expendedores de productos. Parecía que toda la ciudad se había transformado en un inmenso centro comercial, ya no era solo el corte inglés, todas las aceras eran transiciones de un tipo de productos a otros, siempre ropa, siempre comida, siempre lo mismo. El capitalismo envistió sus calles de un traje de latex negro que seduce a sus transeúntes y asfixia a sus vecinos.
Conforme pasaba el tiempo, porque vaya que insistí en encontrar la ciudad, imaginaba lo terrible que sería lidiar con todo esto cada día en la cotidianidad, es paradójico que hace quinientos años ellos derrumbaran la identidad de pueblos ancestrales y ahora el metamodernismo los deglute.
No se puede ser dogmático y pensar que sólo mi experiencia pueda hacer diagnóstico, pero si creo que, si deseo que la ciudad me muestre su alma, tendría que hacerlo con más precisión e ingenio; mientras tanto me llevo esa impresión de haber visitado un gran centro comercial.
Inédito – Jaime Sabines
No tengo nada porque no quiero nada.
No creo en el amor ni en los huevos cocidos.
Todo es fugaz y frágil igual que una mirada,
y todo es vano y triste como los tiempos idos.
¿Quién soy, o qué? Nada me importa
saberme un jitomate malherido,
ni llorar por la vida que es tan corta,
o tan larga, según lo sucedido.
Lagarto, o buey, o talismán y hechizo,
cada cosa a su hora, plenamente,
soy y no soy como mi madre me hizo.
En esta esquina, y por detrás y enfrente,
valgo y huelo lo mismo que un chorizo,
eterno y para nunca y para siempre.
Un nosotrxs sin estado – Yásnaya Elena Gil
Este ensayo explora detalladamente, pero de manera manejable, las interacciones entre las diversas culturas y sociedades ancestrales de México y su dominación por el Estado que, busca acallarlas y destruirlas para homogeneizar el ideario de lo que debe ser este país. No sólo desde el análisis y la descripción, sino a través de la denuncia y la utopía donde todxs podamos convivir y florecer. La narración y análisis no muestra una visión rosa y maquilada de la realidad, ni tampoco una perspectiva catastrófica, aunque lo sea.
Pienso que es una increíble lectura para tratar de comprender el crisol que somos e intentar interiorizar una alteridad de lo que nos hemos olvidado, lo cual nos perjudica como sociedad, dejándonos demasiado vulnerables.
Frase robada – Noela Lonxe
Nadie debería comer lo que no ha matado
Bonus track



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@norbertochavez siempre es mucho mejor ser un “vividor” que un “moridor”. 🙂
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Totalmente de acuerdo ദ്ദി( • ᴗ – ) ✧