Crónica – Descubriendo el fanzine
Descubriendo el fanzine
Las cosas y sucesos llegan cuando tienen que llegar; así fue mi descubrimiento del fanzine.
A pesar de tener una idea muy superficial y claramente errónea, su develación este año fue muy grata y enriquecedora.
Para poner el piso plano para tod@s voy a intentar definirlo. Es un medio de expresión impreso (o digital) de formato pequeño, con temáticas variadas, aunque normalmente de nicho, con muy pocas o ninguna regla de tipo editorial o creativa, por lo general de producción casera o en pequeñas editoriales. Es decir puede ser una hoja tamaño carta doblada en cuatro partes escritas a mano con un manifiesto punk, hasta un pequeño ensayo fotográfico en impresión offset.
Lo anterior me tiene fascinado, la libertad que implica. Es todo un universo en el que, conviven el cómic, crónica, poesía, ensayo, cuento, relato, crónica, divulgación; cualquier cosas que se pueda imprimir en una hoja de papel, se puede decir.
Por la forma en que se produce, prácticamente cualquiera puede crear uno, con unas cuantas hojas de papel y una fotocopiadora tienes para expresar lo que te venga en gana.
La imprenta transformó la forma en que los libros se producían, permitiendo su impresión masiva, las técnicas modernas de impresión a bajo costo, permitieron no sólo la impresión masiva, sino la disponibilidad masiva.
Para los que venimos de un mundo más anclado a convencionalismos, creeríamos que sólo las grandes editoriales, los autores de culto o figuras que roban la atención de los medios tradicionales, pueden publicar sus creaciones. Pero la posibilidad de que cualquiera pueda expresarse sin ataduras, en este mundo tapizado de candados sociales, comerciales y prejuicios autoasignados; me parece valiente, transgresor y muy interesante.
En este momento en el que incluso poner a hervir pasta, agregarle aceite y rallarle queso es denostado y preferimos pedir comida rápida a través del teléfono celular. El decidir crear algún material gráfico y/o escrito, acomodarlo en las páginas, darle formato, imprimirlo, fotocopiarlo y distribuirlo; sabiendo que no será ni rentable, ni sostenible, que no ganará ningún premio literario, y aún así decidir llevar a la vida tus ideas realizando ese esfuerzo; le otorga al fanzine un peso específico muy importante.
Puede o no gustarnos, pero lo que es innegable es el interés de la autora, autor o autores para realizar su proyecto. Justamente cuando los estereotipos idealizados que, ya se venían gestando por los algoritmos de las redes sociales y que se consolidaron con la “perfección” y sesgos de la inteligencia artificial, en este mundo tan plastificado y aséptico; encontrar el sello puro y genuino de quien elaboró el fanzine, es un rodal. Se siente el amor e interés vertido en esas hojas fotocopiadas
Aunque hay fanzines robustos e icónicos, la mayoría tienen unas cuantas páginas, por lo que si se viene del mundo lector tradicional, devorando cientos y cientos de hojas o del mundo digital de la pantalla infinita; el fanzine puede padecer diminuto, y lo es, pero esa característica lo lleva a apreciarlo de modo distinto, y no pocas veces a releerlo o repensarlo.
Arropándome en la tercera acepción de la RAE, es un producto muy elitista y exclusivo no sólo en su producción, sino en su distribución y consumo. No es fácil encontrarlo, hay que poner algo de esfuerzo en dar con ellos; por su conceptualización no son para todos los públicos y su especialización reduce el número de lectores.
Pues bien, hasta hace apenas unos meses en la Feria del Libro y la Rosa que, exactamente no sé por qué, pero compre bastantes y recientemente en un viaje a Xalapa otros tantos, me he enamorado del fanzine, pero también de sus valores intrínsecos, con los que congenio plenamente; la libertad, la valentía y la dedicación; impulsados por el interés genuino, me parecen muy atractivos.
En esta pequeña incursión que estoy realizando me he encontrado cosas muy interesantes, creativas, inteligentes, divertidas y bellas.
Como todo en la vida, también está el lado oscuro, que ni tanto; uno es el costo, si bien no son caros, para el que no valora el trabajo manual, intelectual y artístico; pagar el equivalente a cinco o diez dólares por unas cuantas hojas de papel, le parecerá absurdo. Pero honestamente la mayoría de la gente gasta eso y más en comida chatarra que, sólo les incrementa el riesgo de diabetes y cáncer. Y el segundo punto en contra es que, la versión digital del fanzine, no siempre transmite lo que gemelo analógico si.
He cumplido con compartirles mi nueva afición, e invitarlos a que si asisten a alguna feria del libro o si por accidente entran a alguna librería, pregunten si tienen fanzines, algo encontraran que les sorprenda.
Bonust track


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