Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 8.

Relato – Invasión extraterrestre – La comuna| Poema – ritual en un instante – Evangelina Vigil-Piñón | Reseña – El anticapitalista accidental – Fernando Díez Rodríguez| Frase robada – Juan Villoro | Bonus track


Invasión extraterreste – La comuna

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Otro de los apagones ya se había extendido más allá de la tarde. La comuna escondida en medio del bosque se tornaba lúgubre, las velas y mecheros apenas iluminaban algunos trayectos. Instintivamente los pobladores se acercaban poco a poco. Valentina los recibía con té tibio, conforme las familias se reunían, las niñas y niños que nacieron en ese extraradio forestal, no sabían del mundo más allá de los linderos arbolados; por eso le pedían que contara alguna historia sobre el mundo civilizado donde ella creció y del cual fue expulsada, como todos los viejos que ya habían muerto. Sus historias eran conocidas entre los habitantes, sólo existían en su cabeza, pero las relataba con gran detalle, idénticas ocasión tras ocasión. Algunas tristes, otras trágicas, algunas divertidas, pero todas verdaderas. Cuando llegó siendo niña, huérfana, apenas hablaba, sólo podía pensar en los momentos que pasó con sus padres, para no olvidarles, conforme pasaba el tiempo se dedicó a vagar por la comuna y sus alrededores, observando en silencio, registrando mentalmente los sucesos relevantes en su vida y de los demás. Así a pesar de su edad avanzada poseía la historia de su microuniverso, desde que era una niña, intuitivamente sabía que los recuerdos eran la única forma de persistir, de rebelarse ante las versiones oficiales; recordar a Miguel feliz en Europa o Ángela dormida debajo de la cama en el centro comercial mientras estaban escapando, desde entonces Valentina supo que lo mejor que podía hacer era observar y guardar silencio, ya tendría oportunidad de hablar de lo ocurrido.

Valentina hubiera deseado que su madre hubiera sido igual de precavida que ella, apenas se había separado de su mamá unos minutos, escuchó voces ahogadas alrededor, otros niños igual que ella reptaban entre los pasillos de la tienda, la llamaron a señas y Valentina fue tras ellos, parecía un juego en el que recolectaban algunas cosas pequeñas, pero necesarias para la comuna, eran ágiles y se escabullían por cualquier hueco. Súbitamente sonaron las alarmas, automáticamente todos los niños buscaron la cloaca más cercana para escapar. Valentina estaba aterrada, pero el resto la jalaba de la mano en silencio y la llevaron con ellos, se perdió en la oscuridad del laberinto subterráneo.

Apenas levantando la tapa de las alcantarillas miraba a lo lejos una patrulla en la que intentaban someter a Ángela, para meterla al asiento trasero, en el forcejeo consiguió soltarse del agente de policía y correr sin ninguna dirección. Valentina aterrada observaba cómo es abatida a tiros, su llanto es apenas audible. La tomaron de la mano y se internaron en los ductos más profundos, caminaron silenciosos, hasta que encontraron la salida fuera de la ciudad. Los niños la abrazaron por un largo rato, sin mediar palabras tomaron rumbo hacia lo profundo del bosque.

Esa era la única historia que se reservaba, era su tesoro personal, su llegada a la comuna, y sobre la última vez que vio a su madre.


ritual en un instante – Evangelina Vigil-Piñón

ves
estaba este hombre
sentao
en una mesa
en una esquina
de un cuarto
y el color de la pared
era verdecito
como el color de un cascarón
ves
y esto hacía que se le mirara
el pelo
y los ojos
y el bigote
muy suave, ves
y luego el bato se sonrió conmigo
y pues qué pude yo hacer
más que quebrarle’l cascarón


El anticapitalista accidental – Fernando Díez Rodríguez

Paseando en alguna librería de Montevideo, como en otras tantas ocasiones, me enamoré del título. No es necesario ser un sesudo intelectual para saber que el capitalismo nos está llevando no a una, sino múltiples catástrofes, varias de ellas francamente apocalípticas.

Si existe un mínimo de preocupación al respecto, la lógica diría que el antídoto debería evitar esta debacle. Así, con esa irreflexión te lanzas como El Quijote a pelear contra los molinos de viento, analogía incorrecta, ya que el enemigo es real e inmenso, desde un primer momento parece una lucha perdida, y este libro lo confirma.

Hay que ir con estómago de acero, ya que, el arranque es duro y derrotista, así que molesta al inicio, trastorna ese deseo de hacer algo. Pero poco a poco, y a base de un análisis detallado del devenir del capitalismo, y por medio de la contrastación con su archienemigo, hace ver cómo el anticapitalismo es (o fue) un movimiento nacido en la desventura, y criado por lo lo más agrio y poco pragmático de las grandes mentes. Demostrando la incapacidad de la lógica elemental para querer domar a un lobo rabioso, es decir, un sin sentido.

Lo anterior parecería suficiente para el suicidio colectivo, pero siendo un anticapitalista acérrimo sabe que el lector se va a sentir realizado entendiendo mejor su cantada derrota, dado que, es lo único que ha hecho y podrá hacer, entender sin una consecuencia práctica y mucho menos útil. Y a pesar de lo anterior, es un libro increíble, que se perfila para lo mejor del 2026.

En fin, hay perversiones de todo tipo en este mundo, pero por mucho el anticapitalismo es de las más pérfidas.


Frase robada – Juan Villoro

Una biblioteca es un banco de ojos. Allí están las miradas que han donado los lectores.


Bonus track

El viernes pasado fue mi cumpleaños número 49 (si, casi los cincuenta, fuertes confesiones) y tuve la fortuna de recibir múltiples festejos y felicitaciones.
Pocas veces me siento con los residentes, pero siempre que lo hago han un muy buen intercambio de información extremadamente confidencial (es decir chismes)
Fotos con los graduados de gastroenterología, después de tres años, será extraño no verlos.

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