Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 4.

Reflexión – Experiencia de buceo | Poema – Tablilla asiria – José Emilio Pacheco | Reseña – El criadero – Gustavo Abrevaya | Frase robada – Umberto Eco | Bonus track


Experiencia de buceo

Para quien lo hace o para aquel que es un opinador web 2.0, puede parecer baladí, algo natural. Pero para mí, bucear es una de las experiencias más complejas de los últimos años, fundamentalmente a nivel mental.

Si lo hubiera pensado detalladamente, definitivamente no debí hacerlo, o al menos mis argumentos eran lo suficientemente sólidos como para proscribir esta nueva aventura; nueva aventura que como en la infancia fue en compañía de mi primo con quien no pocas veces me expuse a lo que en su momento me parecía arriesgadísimo, y en esta ocasión más de treinta años después no fue la excepción.

Sabía que si lo racionalizaba un poco sería muy fácil desistir. Así que, seguí la ruta crítica para cosas que en el fondo me son incómodas, ignorarlo, comenzar a pensar sobre la situación en el último momento, así ya no hay manera (siempre hay alguna manera deshonrosa) de echarse para atrás inventando algún pretexto.

Ne me voy a andar con vericuetos, la experiencia, esencialmente fue desagradable, pero exitosa, extraña contradicción. Tuve que superar dos grandes temores, uno racional y otro no tanto.

El primero, el riesgo a morir ahogado, sé que es una condición bastante controlada en manos de profesionales con experiencia (como en mi caso), pero siendo honestos, pueden suceder eventos desafortunados cuyo desenlace fuera catastrófico, en particular porque mis habilidades acuáticas no son ni cercanas a mediocres, al final del día soy un hombre de montaña, no de mar.

El segundo, mi gran temor a lanzarme a un abismo, bajar a diez metros y presenciar ese universo. Me sentí abrumado, esas otrora montañas, valles y dunas de aspecto extraterrestre son algo indescriptible, saber que otras reglas totalmente ajenas rigen una física a la que el ser humano requiere tecnología para seguirlas me sobrepasaba. La sensación de estar rodeado de incertidumbre me saturó.

Por lo tanto a la mitad de la primera de las inmersiones, se me filtró una cantidad ínfima de agua a la boca que me comenzó a dar problemas, hasta que en un momento se fue a la parte posterior de mi garganta, y temí que me diera un ataque de tos; de sólo pensarlo, todos mis demonios se desataron con ferocidad y el pánico se hizo dueño de mis actos. Le pedí a la instructora que me sacará, sentía que en cualquier momento las cosas iban a llegar a un punto de no retorno, ya no quería seguir en el fondo del mar con un buche de agua paseándose por el único lugar donde podía respirar. Mi peor pesadilla se estaba cumpliendo; bueno un episodio antes de la peor, que esa hubiera sido que me tropezara con un pulpo (mi octofobia).

La guía comenzó a calmarme, indicándome que controlara mi respiración; ver a un humano frente a mi, en medio de la inmensidad que me rodeaba logró su fin; y antes de que lo reconsiderara me indicó que prosiguiéramos. Así que, ya más tranquilo y con esos mililitros de agua en la boca logré terminar esa inmersión; demás está decir que apenas pude apreciar el espectáculo, pero un poco si. Al salir temblaba y no era de frío.

No me pude rehusar al segundo descenso, esos diez minutos de traslado en lancha me sirvieron para bajarle las revoluciones a las emociones que me andaban traicionando. Ya en ésta segunda ocasión las cosas sucedieron mejor, aprendí a deshacerme del agua en la boca. La primera mitad logré desenvolverme con un poco más de soltura, después, según yo me empecé a concentrar más y salió peor, pero bueno únicamente era un tema técnico que hacía más difícil bucear, pero nada que me pusiera en riesgo.

Al término y por muchas horas más traía la adrenalina a tope. Tanto que por un par de días me sentía físicamente cansado, pero mentalmente extraño, no puedo encontrar adjetivos, no de una manera nociva, solo distinta; creo que fueron demasiadas cosas, demasiadas emociones; seguramente necesito algo de tiempo para procesarlas.


Tablilla asiria – José Emilio Pacheco

Poco filo mi resta, ma spero che avrò modo di dedicare al prossimo tiranno i miei poveri carmi…
Eugenio Montale
Quaderno di quatro anni

Antes de irme adoraré a otro tirano.
Qué gratitud
hacia quien da respuestas a todo.
Qué alivio
sentirse parte del rebaño,
matar a cambio del cielo
y ser premiado por crímenes.

Príncipe, escucha mi alabanza,
y no te olvides de tu siervo.


El criadero – Gustavo Abrevaya

En la actualidad realizar un viaje tiene pocos riesgos, no estamos exentos de algún accidente, pero en la normalidad esa es una anomalía. Hoy pasar del sitio de origen a nuestro destino, independientemente del medio de transporte que usemos, suele ser más una experiencia tediosa, prácticamente administrativa.

En El Criadero, Gustavo Abrevaya crea un mundo donde, la avería de un auto en medio del desierto nos lleva a un sitio que inicialmente parece un pueblo pintoresco y provinciano, pero que rápidamente (bueno, no tan rápidamente) se va transformando en un lugar oscuro, hostil y peligroso.

Ante la desaparación de Alicia, la pareja Álvaro, el mundo comienza a desquebrajarse en la praxis, pero en especial en el campo de la lógica. Lo absurdo, lo aparentemente irreal pierde ésta característica. La realidad es dúctil, moldeada por un pensamiento místico enfermo, pero en especial una sociedad trastornada que persigue y mata lo extraño, lo ajeno, al débil; para entregarlo a modo de inmolación a una brutal jauría de perros cimarrones que acuden puntualmente a reclamar lo que les pertenece, y lo que les deben tras el abandono, tras la resección de ese trozo de humanidad que después miles de años les hemos vertido en sus corazones salvajes.

Las reseñas prometen más de lo que cumple este thriller, que tiene un paso lento, una tensión excesivamente farragosa, que no logra llevar al lector a la profundización de la trama o los personajes, sino por momentos a la abulia. Pero tiene su antídoto, la prosa es buena, atinada y justa; así que a trompicones se va avanzando. Este camino lleva al desenlace de la novela, y ahí sí, agárrense al sillón porque la historia toma velocidad, violencia, es vertiginosa; llevando al lector a un final que merita todas la páginas, el final cumplió.


Frase robada – Umberto Eco

Frente al espectro de una red de comunicación que se extiende y abarca el universo entero, cada ciudadano de este mundo se convierte en miembro de un nuevo proletariado.


Bonus track

Ana (la instructora), Toño (mi primo y fotógrafo) y su servidor, esa foto es la antítesis a lo que escribí, pero así es la vida y la actualidad, donde por dentro podemos estarnos muriendo de miedo, pero la apariencia es otra. Dado lo anterior debería ganarme el Oscar a mejor actor.

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