Relato – La cura a las adicciones (cuarta parte) | Poema – El puente – Amalia Bautista | Reseña – Fabricación -Ricardo Raphael | Frase robada – Carole Fréchette | Bonus track
La cura a las adicciones (cuarta y última parte)
Thomas dio un segundo sorbo al café, y a punto de comenzar su respuesta fue interrumpido nuevamente por El Capitán.
-Me gustaría avisarle que, todos los caballeros aquí sentados son personas serias y muy ocupadas, como pudo observar, este es un centro de operaciones, controlamos la mayoría del tráfico de drogas, armas y personas a nivel global, es el lugar más seguro y blindado del mundo. Por lo que, esta conversación es muy importante para todos los presentes. También sabemos que el gobierno de Estados Unidos, y otros con quienes tenemos estrechas relaciones comerciales, han intervenido en el juicio que lo trajo hasta aquí. Por lo tanto le rogamos sea honesto, no esperamos escuchar una replica de lo ya publicado en todos los medios.
Thomas dejó de ver su taza de café, apoyó los codos en la mesa y cruzó los brazos.
-Veo que están bien enterados de mi trabajo y el escándalo que montamos para terminar en prisión. Pero es muy probable que no supieran lo que pasó después de publicar mi último estudio, donde se demostró que el medicamento redujo en más del ochenta por ciento el consumo de drogas duras, y con pequeñas dosis de mantenimiento las recaídas eran prácticamente nulas. Pensándolo bien, tal vez ustedes lo sepan mejor que yo -volteó a mirar a El Capitán, quien contuvo una sutil sonrisa-. Pues lo primero que llamó la atención al consejo directivo de la compañía fue que, la nueva aprobación para el tratamiento de la adicción a drogas duras se estaba retrasando más de lo habitual, por “motivos de seguridad” argumentaban. Volví a revisar las bases de datos, realizamos análisis estadísticos más rigurosos y no encontramos nada inusual, lo mismo que en los estudios de obesidad, diabetes y cirrosis. La primera noticia me la dieron tirado afuera de mi casa con esposas en las manos, mientras me transportaban a la comisaria los custodios me enlazaron una videoconferencia con el presidente la empresa. Sin muchos preámbulos me pidió que lo disculpara por la terrible situación a la que me exponía, pero era el único modo de enmendar los errores de ese estudio. Yo le aseguré que no había tales desaciertos, no cabía lugar a dudas. Me explicó que el errar era el estudio en sí, no entendía a qué se refería. Ahora, que me explica su cartera de clientes, creo que todo es más claro. Me comentó que las agencias regulatorias y de seguridad de diversos gobiernos alrededor del mundo, me imagino que sus socios comerciales, le hicieron llegar sus preocupaciones sobre cómo éste fármaco podría afectar sus proyecciones económicas, los cálculos estimaban la caída de gran parte del tráfico y venta de drogas ilegales a nivel mundial, situación que de inicio era compleja, pero que arrastraría a sus socios del mercado financiero, minero, tecnológico y tantos otros que de un modo u otro facilitan o se benefician de esa actividad económica. Las estimaciones no eran halagüeñas, los mejores escenarios contemplaban una crisis peor que la del inicio del siglo pasado. Mientras iba camino a la prisión lo único que se me ocurrió fue proponer que se retractara el artículo, situación que ya se había dado con otros fármacos donde al final no demostraron la utilidad prometida, y fueron retirados del mercado. Aclaró que la decisión no estaba en sus manos, y la propuesta de generar tal escándalo y polarización de la sociedad era algo que ayudaría a distraer la atención del verdadero problema económico que surgía ante la cura de las adicciones. Me pidieron paciencia, que todo mi apoyo sería recompensado generosamente, apenas la situación en los mercados internacionales se calmara, comenzarían a trabajar en una reducción significativa de la condena.
Thomas volvió a beber su café y se apoyó en el respaldo de la silla. La mesa permanecía pensativa en silencio.
-Le agradezco su sinceridad Dr. Thomas, para nosotros esta información es muy importante. Efectivamente asesoramos a los gobiernos en las proyecciones financieras, pero el modus operandi para corregir el problema es autoría de nuestros socios, ellos son los expertos.
-Me imagino que esta conversación se encuentra al margen de la compañía y sus socios ¿o me equivoco? -le pregunto Thoma a El Capitán.
-Así es Dr. Thomas, de hecho el que usted fuera sentenciado de por vida en esta penitenciaria tampoco es azaroso. Esta reunión fue organizada para hacerle una propuesta.
El Capitán se levantó de la mesa, invitando a Thomas para lo siguiera fuera de la sala de juntas, y detrás todos los integrantes de la reunión. Pasaron algunos pasillos y El Capitán se detuvo frente a una de las puertas, digitó un código que le permitió el acceso a un inmenso laboratorio de investigación. Thomas sin parpadear volteó a verlo.
-Mire Dr. Thomas, además de asesorar a nuestros socios comerciales, una de las labores de este centro de operaciones es buscar nuevas oportunidades. Nuestros investigadores han seguido de cerca su trabajo, y de acuerdo a sus consideraciones, sugieren que podemos utilizar estos conocimientos a modo de ingeniera inversa.
-¿Quiere que desarrolle fármacos que promuevan la adicción? -preguntó Thomas, mientras continuaba observando al actividad en el laboratorio.
-Yo no lo llamaría fármacos Dr. Thomas, pero sí, quisiéramos utilizar sus conocimientos para no sólo promover una mejor adherencia a nuestros productos, sino incluso incursionar en la modificación del comportamiento, para que nuestros clientes finales no tengan la menor intención de reducir su consumo, pero su conducta sea ¿cómo llamarlo? , políticamente correcta, no pierdan su capacidad productiva, lo cual resulta en mayores beneficios para nosotros y nuestros socios ¿no sé si me explico Dr. Thomas?
-Es decir el fin de las adicciones… tal como las conocemos -respondió Thomas sonriendo.
-Así es Dr. Thomas, eso sin contar con el acuerdo económico que le proponemos, tan solo con las ganancias por ser accionista del consorcio, el contrato que tenía con la compañía farmacéutica le parecerá un acuerdo para un becario. Y con algo de discreción y algunos ajustes logísticos, podría dejar esta prisión cuando lo desee.
Thomas se alejó un poco, caminó hacía el laboratorio sonriendo, viendo el trabajo que se realizaba.
Si no quieres leerlo a retazos, aquí está el cuento completo
El puente – Amalia Bautista
Si me dicen que estás al otro lado
de un puente, por extraño que parezca
que estés al otro lado y que me esperes,
yo cruzaré ese puente.
Dime cuál es el puente que separa
tu vida de la mía,
en qué hora negra, en qué ciudad lluviosa,
en qué mundo sin luz está ese puente,
y yo lo cruzaré.
Fabricación -Ricardo Raphael
Es indudable que México (aunque también el mundo) está cursando un momento histórico de violencia desbocada. Situación que tampoco es novedosa ya que, desde que tengo memoria siempre ha existido, anteriormente perpetrada por el gobierno y sus grupos paramilitares y ahora con un organismo de magnitudes y alcances monstruosos, conformado por una “maldísima” trinidad: gobierno, ejército y narcotraficantes. Para que ésta situación se geste debe hacer condiciones que lo promuevan y faciliten, las cuales deben ser sistemáticas, arraigadas profundamente; por tanto sus directrices provenir de las élites políticas, económicas y religiosas.
En Fabricación, Ricardo Raphael pone en evidencia ad nauseam un caso que por mediático se encuentra muy bien documentado, el de Isabel Miranda de Wallace, quien a modo de teatro medieval pasa de ser bufón a dictador, bajo el pretexto de la búsqueda de justicia, la protagonista se embarra hasta las cejas de toda la mierda que ha arrojado la aristocracia de este país por décadas; utilizándolo a su favor para mostrar en la praxis la decadencia de nuestros gobiernos y sus instituciones. El libro hace un pase mágico, quitándole el manto de invisibilidad a algo que, de tan frecuente lo hemos perdido del campo visual. Este proceso de revisibilización no es fácil, reacondicionar la mirada es fatigoso, y para lograr el objetivo el lector tiene que someterse a un via crucis.
La obra es absurdamente extensa, pésimamente escrita, sin estilo (ya que intenta ser un mutante amorfo entre novela policíaca y texto periodístico), tristemente tendendiosa (cayendo en el pecado de sus verdugos), lleno de vacíos argumentales y conclusiones absurdas, sin una cuota de juicio y/o visión crítica. Tales defectos impiden al lector moverse más allá del plano contemplativo, volviéndola una lectura farragosa, estéril y de un amarillismo que abruma, siendo así totalmente prescindible.
Frase robada – Carole Fréchette
Cada persona necesita un recinto mental para esconder secretos inconfesables.
Bonus track



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