Relato – Doctor Nómada | Bonus track
Doctor Nómada (cuarta parte)
La reunión fue sucinta y con un foro exiguo. El director de recursos humanos, el de finanzas y un par de sus mandos medios, todos con pésimas dotes de actuación. Me transmitieron las disculpas del cuerpo directivo a los que les fue imposible asistir, pero me enviaban saludos y deseaban mi pronta recuperación. Tras el protocolario intercambio de vacuos mensajes fraternales y optimistas, me explicaron que, durante mi ausencia; la cual debió haber sido una terrible experiencia de la cual seguramente salí fortalecido; en esas semanas tuvieron que buscar ayuda para continuar con la operación del hospital. La compañía que proveía de toda la infraestructura tecnológica, al ver nuestro gran avance, ofrecieron en su fase temprana y ultrasecreta una versión del modelo que podía “apoyar” las actividades de posiciones directivas, dada la coyuntura determinada por mi estado de salud, aprovecharían la oportunidad para probar el modelo y comprobar su utilidad en vida real.
No entendí muy bien o no quería entender, pero interrumpí el monólogo del director de recursos humanos, para decirle que, ya me sentía muy bien y no era necesaria la ayuda de la IA para mis actividades.
Tras soterrar parcialmente una sonrisa, continuó explicando que, la prueba había sido un éxito, y el programa se amplió a unas cuantas direcciones más. Su perorata terminó con una sensación de que algo más faltaba.
Antes de que pudiera opinar algo al respecto, intervino el director de finanzas. Explicaba que, con la inclusión de los nuevos modelos directivos de IA se encontraron áreas de oportunidad que permitirían optimizar los recursos, esto daría paz a los accionistas, los cuales estaban muy nerviosos por no ver los resultados financieros esperados.
Una de las áreas que más cambios necesitó fue la mía, entendían que, fue pionera en el gran cambio de la institución, y por lo tanto con más áreas de mejora. Indudablemente era una decisión dura, la cual prometieron haber meditado muchísimo, pero tenían que prescindir de mi para llevar a cabo esas nuevas actividades.
Un hueco invadió mi abdomen, en ese momento caí en cuenta que, nunca pensé en esa posibilidad, me creía imprescindible, y por supuesto tampoco se me había ocurrido revisar mi contrato laboral, en un segundo me percaté de la situación altamente vulnerable en la que me encontraba.
Temeroso pregunté si entonces volvería a mi trabajo clínico. En mi desesperación olvidé lo que ellos gustosamente me recordaron. Les hubiera encantado regresarme a esa posición, pero en el momento actual estaba cubierta por uno de los primeros modelos de IA que, yo, ayude a instaurar.
Antes de que hiciera la pregunta obvia, el director de recursos humanos respondió, iniciando con el amplio reconocimiento que la institución y la alta dirección tenían por mis contribuciones y que por ese motivo recibiría un bono adicional, y por supuesto agradecían infinitamente el apoyo otorgado y me deseaban lo mejor en los proyectos que emprendiera.
Tuve que realizar dos intentos para levantarme de la silla mientras me miraban fríamente, me cubría un sudor fino pero helado con el que luché para no temblar enfrente de todos, me despedí con la mayor formalidad y antes de salir me indicaron que, eran conscientes de mi estado de salud, por lo que se habían tomado la molestia de empacar mis cosas, para evitar esfuerzos en mi condición y me las harían llegar a lo largo del día.
Salí a la calle y con mis últimas fuerzas sentado en una banca de la acera intenté recuperarme, sentía que me iba a desmayar; las manos me temblaban, me di cuenta que estaba hiperventilando. La gente pasaba a mí lado indiferente, una tras otra. Me quedé ahí, sin saber qué hacer, con la cabeza hecha un huracán. Sin darme cuenta pasaron varias horas, en las que estuve en ese estado hasta que, la luz del sol comenzó a alejarse.
Me levanté y me fui a casa, no sabía qué hacer, y no tenía a quién acudir. Al llegar me tiré en el sillón, estaba rendido, era la primera vez que salía después de la cirugía y no había sido nada fácil, sin saber en qué momento, me quedé dormido.
Era más de medio día cuando desperté dolorido, con la boca amarga y la cabeza explotándome de dolor. Traté de poner orden a mis ideas y tras un analgésico, ducharme y desayunar algo ligero, me senté a revisar lo que era una de mis principales preocupaciones en ese momento, mi cuenta en el banco. La tranquilidad de ese bono prometido me daba cierta paz, la cual se esfumó cuando vi los documentos de despido que llegaron a mi correo electrónico.
En la vorágine de mi ascenso, los beneficios económicos fueron marcados como compensaciones, nunca fueron parte de un ajuste salarial, así que, me habían echado a la calle con un sueldo similar al de mi ingreso al hospital, es decir mucho menos de lo esperado.
En ese momento me di cuenta de que uno es esclavo de sus lujos.
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