Relato – El espejo (5) | Poema – Alas de páginas – Kellyath Clementine | Reseña – Antología fantástica – Anna O’Malley – Valentina Marini | Frase robada – Juan Villoro | Bonus track – Las alas del colibri – Norma Lazo
El espejo (5)
Nada más alejado de la realidad pensar en una vida normal tan sólo deshaciéndome de mis reflejos. En la cotidianidad era más o menos sencillo esquivarlos o evitar verme directamente a los ojos por más de un par de segundos. A los pocos días de haber creído que lo había logrado, poco a poco, con paciencia el destino encontró esa grieta por la cual cobrarme las facturas de lo que soy e hice.
Comencé despertándome agitado, siempre alrededor de las tres de la mañana. Conforme la verdad se me iba acumulando, ese despertar se convirtió en una tortura, mi cuerpo trémulo, sudoroso, febril, con la boca seca, arenosa y mis movimientos lentos desordenados que intentaban escapar de mis sueños; tras un par de horas terminaba vomitando, no sé cómo pero siempre algo gris, como si hubiera cenado puños de cemento. Al vaciar por completo mis entrañas por fin descansaba un poco y dormitaba máximo una hora más y me tenía que ir a la oficina. Conforme las noches y el malestar se acumulaban, mi cuerpo iba pagando a cuenta gotas cada una de sus facturas.
Aunque trataba que mis despertares nocturnos no afectaran mi vida laboral, no dejaba lugar a dudas.
-¿Estás bien? -me preguntó Poncho una vez que subimos solos en el elevador.
Me excusé diciendo que padecía insomnio y que eso me tenía muy mal. Poncho puso cara de fingir creerme.
-Pues mejor ve con el médico o has algo, si sigues así no vas a durar mucho.
Pensé que sus palabras algo forzadas, tenían cierta verdad, ya que estas pesadillas no respetaban cansancio, jornada laboral o día de la semana, apenas maldurmiendo tres o cuatro horas diarias y con un apetito casi extinto, mi cuerpo y la psique estaban muy deteriorados.
No había madrugada en la que no buscara una solución a esta situación. Después de vaciar violentamente el estómago, en esos minutos que preceden al sueño inundado de días de fatiga, eran uno de los instantes donde perdía por completo la lucidez. En ese momento, ante la debilidad no sólo física, el suicidio era una de las respuestas a la que llegaba. Pero mi lógica elemental no me dejaba seducir por la idea de terminar mis días, sabía que todo esto había comenzado en El Pueblo de las Brujas.
Me afané en buscar a alguien que me pudiera ayudar. Tal búsqueda fue infructuosa, pasé semanas visitando brujas, chamanes, mediums, cualquier variante de lo paranomal, pero la respuesta era la misma; cara de susto y negativa a ayudarme. Siempre había visitado mujeres, hasta que una de ellas me envió con él.
-Él trata con fuerzas de otras tierras -me dijo la chamana que no pudo hacer nada, más que escuchar mis historias.
Encontrarme con él no era tarea fácil, demasiadas negativas, evasivas y desconfianza. Hasta que después de varios intentos por fin pudimos concertar una cita. Para mi sorpresa fue en un hotel de paso en la periferia de la ciudad. Yo no sabía que pensar, aunque por supuesto lo obvio; que el tipo fuera un pervertido. Pero mi extenuación terminó por domesticar mi sentido común, y saliendo de trabajar un viernes me dispuse a encontrarme con el mentado brujo.
El encuentro fue muy extraño, verlo esperando en la recepción y saludarme como si fuera una reunión de negocios, no solo a mi me pareció anormal; los empleados acostumbrados a reuniones más ocultas, endosadas de vergüenza o culpa, no daban crédito a lo que presenciaban; un tipo de aspecto algo suigéneris acordando reglas con alguien de mi aspecto tan venido a menos.
Me dio un apretón de manos que duro y se sintió más de lo usual.
-Tenían razón -me dijo mientras me miraba fijamente, estrechando la mano -tu no perteneces a este sitio, no va a ser tarea fácil volverte de donde te sacaron. Me voy a adelantar, te marco a la recepción para que pases.
Me quedé sentado esperando, consternado. No sabía exactamente que pensar. Los minutos pasaron, hasta que al final y con algo de malicia, los encargados de la recepción me dijeron que pasara a la habitación.
Entré sin tocar a la puerta, el cuarto estaba en penumbra, movió los efímeros muebles, con una distribución parecida a la de la casa en El Pueblo de las Brujas, la pequeña mesa, dos sillas en el centro de la habitación y espejos distribuidos en forma de pentágono. El recuerdo me puso nervioso y dudaba si sentarme o no. Él lo notó e insistió en que tomara asiento.
-Sé lo que estás pensando, ya me contaron lo que pasó. Desafortunadamente mi colega no estaba preparada, y se le salió de las manos, lamentablemente lo pagó caro. Trataré de ser cauto y lograr desenquistar eso que corroe el alma.
Al sentarme colocó una mascada negra que me cubría la cara, mientras escuchaba una oración que se repetía una y otra vez al ir descubriendo los espejos colocados en la periferia. Mientras rezaba escuchaba que algo derramaba a mi alrededor.
-Voy a descubrirte la cara, no importa lo que veas, quiero que permanezcas sentado.
Asentí, mientras me descubría el rostro, en lo que mis ojos se habituaban miré en el suelo un círculo de arena que me rodeaba. Levanté la vista con miedo y el espejo frente a mi tenía mi reflejo que, como en otras ocasiones, a los pocos segundos comenzó a sangrar.
-Tranquilo, apenas vamos comenzando -me dijo con tono sereno.
Voltee a los espejos laterales, y en cada uno de ellos el reflejo obedecía mis movimientos, pero la imagen no me representaba. Diversos animales antropomorfos; la cabeza de una cabra, un cerdo, una serpiente, un toro y una mosca inmensa; se reflejaban en donde debía aparecer mi figura.
-¿Te das cuenta? -dijeron a mi espalda- cada animal es un demonio, normalmente vemos uno o dos, pero tu caso es especial, estás infestado. Déjate llevar por uno de ellos, ahí encontraras las respuestas que buscas.
Volteaba sudoroso a cada uno de los espejos, aterrorizado de lo que observaba, sin saber cuál de ellos era el adecuado, la imagen del cerdo se quedó estática por dos segundos, era una señal. Me le quedé viendo fijamente y me hundí en sus ojos llenos de fuego, fulguraban, al persistir en ellos, menos presente me percibía, hasta que logré verme sentado frente a la mujer que sostenía mis manos, cuando vio mi rostro porcino frente a ella, el miedo afloró. Sentía su miedo en las venas, me acerqué para olfatearla, sabía que se sentía perdida, así que la ataqué con la mandíbula en su cuello, bebiendo su sangre hasta que se vació.
-Cada uno de los demonios que ves en los espejos debe tener una historia parecida -me dijo una voz que me rodeaba distante.
Volví al cuarto de hotel y me levanté de la silla, giré hacia atrás, él se retrajo al verme. A modo de defensa miro el círculo de arena que me circundaba mientras pasaba las cuentas de un rosario entre los dedos y rezaba ansiosamente.
-¿Crees que tus vulgares malabares me detendrán? -le dije con una voz desconectada de mi cuerpo, y de sus emociones.
Como si no hubiera nada crucé el círculo marcado en el piso y me acerqué, tomé su cuello entre mis manos y comencé a sujetarlo contra su voluntad, sus movimientos convulsos no me detuvieron, hasta que cedió y su cuerpo quedó tendido en el piso.
Algo dentro de mí me obligó a golpear los espejos, uno a uno hasta hacerlos pedazos, los rostros animales desaparecían, el cerdo fue el último en ser escombros de vidrio.
Estaba hincado en medio de la habitación con las manos ensangrentadas. No supe cuánto tiempo había pasado ni cuánto tiempo estuve tirado llorando, pero cuando decidí escapar de ese cuarto, la noche estaba muy avanzada.
Desde entonces, y de esto ya hace bastante tiempo, vivo esperando que la policía venga a buscarme, por esa mujer o ese hombre, a los que les arrebaté la vida.
Y como desde el inicio, todas las noches son una pesadilla, mi cuerpo se agita, reniega se maldice por lo que le ocurre durante las madrugadas, y se desgasta por mantener ocultos a mis demonios.
Evito cualquier situación que implique mi reflejo en un espejo, lo que de momento sé fue la puerta de entrada a sus mundos. Esta tarea no ha sido tan difícil, ya que mi aspecto se deteriora día tras días, meses de no dormir, me han conferido un aspecto enfermo, lúgubre.
Mis colegas insisten en que vaya al médico, pero no saben que esos demonios no se extirpan con una cirugía, así que me están consumiendo noche a noche, pero espero seguir manteniéndolos en su lado de el espejo.
Alas de páginas – Kellyath Clementine
Una niña, de espalda encorvada y esquelética
abrió un libro a la mitad
y lo cosió a sus escápulas.
Le salieron alas
de letras saladas.
La niña leía y ya no lloraba.
Se hizo una escalera con peldaños
de papel y de madera
para subir a lo más alto de la ladera
de esta vida y así hacerla más llevadera.
Cuando cayó en aguas profundas
torció letras rotundas y se hizo una balsa de ideas
que le llevase a buen puerto
y así sobreviviera.
Nevase o lloviera
tenía un techo de tapa dura
con paredes de hermosas letras.
Su alimento está escrito en negro sobre siena.
Bebió y bebió más verbos,
esa era su tarea;
construir mundos a base de signos
que no entienda cualquiera,
solo aquel necesitado de salvación y guía
podría entender
esta obsesión que fue mi salvación
escondida entre poemas.
Antología fantástica – Anna O’Malley | Valentina Marini
Debo decir que este libro lo escogí accidentalmente, ya que su portada ilustrada con una calavera, serpientes, lobos y ángeles, me hizo pensar que compraba el título “Antología Satánica”, que tampoco era un rótulo atractivo, pero bueno, gustos son gustos.
El caso es que, al verlo detalladamente noté que se antologaban cuentos de fantasía; un proyecto iniciado por las editoras, para que en junto con ilustradores formaran un interesante volumen; bastante conciliador con el género y muy poco ortodoxo, ya que, la fantasía es explorada en sus diversas vertientes, desde el dragón que cuida la torre de la princesa, hasta lobos que se hacen pasar por humanos para salir a copular con mujeres en bares y discotecas. Hay para todos lo gustos, pero tal vez no del agrado de los puristas.
Normalmente me mantuvo entretenido, aunque durante su lectura estuve bastante enfermo, y no sé si eso haya influido en que mi percepción y gusto por el género son muy limitados, no logro que me termine de convencer. Paradojicamente sus manifestaciones menos fantasiosas son las que me agradaron un poco más.
Pero bueno, el libro cumple su función, reunir buenos escritores, al parecer no todos consagrados, que exploran la fantasía y nos brindan diversas pinceladas, que tal vez en otras manos lleven a una experiencia más placentera.
Frase robada – Juan Villoro
El éxito es la estadística de los cretinos.
Bonus track

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