Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 9.

Relato – Reabriendo twitter | Poema – Pretérito imperfecto – José Saed Ayub | Reseña – Una soledad demasiado ruidosa – Bahumil Hrabal | Frase robada – Bernardo Esquinca | Bonus track


Reabriendo twitter

No hace falta ser un genio para saber que el título de esta entrada es un franco clickbait (o sensacionalista, le hubiéramos llamado en el pasado).

Pero si ya superaron el primer párrafo los invito a seguir leyendo. Porque si les voy a contar sobre un experimento ejecutado en la primera persona del singular, para tener “twitter” analógico.

Pero vayamos por partes, los diarios han existido desde hace siglos, a los humanos nos gusta dejar registros de nuestros pensamientos, muchas veces deseando que nadie más los leyera, un ejercicio de introspección. Situación diametralmente opuesta a la actual, en la que sigue existiendo un deseo obsesivo por registrar de manera muy detallada nuestro acontecer, pero con el deseo de ser leído (preferentemente por hordas de fans que nos idolatren), y más aún, recibir elogios (o mensajes de odio), pero generalmente nos conformamos con algo más efímero, un me gusta o ya de últimas el ser “visto” actualmente se considera una métrica de éxito.

Bajo esas circunstancias de mercado, el difícil creer que quien escribe lo hace genuinamente, las partes más profundas de su cerebro promoverán relatos, acontecimientos, opiniones o reflexiones que retroalimentan esa validación externa, y evitará aquellas que más que originar reacciones inadecuadas, pasan desapercibidas, no hay mayor desaliento en este siglo que ser invisibles.

Pues si esto no fuese suficiente, la tecnología nos dio la facilidad de hacerlo en tiempo real y con muy pocos caracteres; recuerdo a los gurús de la publicidad vociferando que en el primigenio twitter los 140 caracteres serían la nueva forma de promover la creatividad, la final no lo fue, se volvió algo irreflexivo. Algo tan inútil, ofensivo y desagradable como escupir en la calle ante cualquier estímulo y sin control.

El tiempo nos demostró que, a pesar de usar texto, fotos o vídeos el resultado fue el mismo, saturar de mierda esa extensión del teléfono móvil, es decir nuestro cerebro y por ende nuestra atención. No niego que hay cosas brillantes, pero hay que enlodarse hasta el cuello para encontrarlas.

Por tal motivo (entre otros que no es momento de mencionar), decidí ir cerrando una a una mis “redes sociales” y montar mi blog, sin una sola métrica que me retroalimente o presione. Pero algo me faltaba había un hueco emocional que no se llenaba, ese deseo posmoderno de expresarme en tiempo real.

Después de varias pruebas fallidas, hace seis meses lo resolví volviendo a los artilugios analógicos, papel y pluma; una alumna (ahora colega) me regaló una libreta pequeña, de bolsillo con una portada relacionada con Gaudí, la había intentando usar para otros objetivos, pero el formato no me dejaba satisfecho. Al final un día decidí que sería mi twitter. Y tal cual, le dí el mismo uso, las mismas cosas que pondría de manera digital, las escribía en la libreta, lo cual solo requirió un reto, hay que traerla todo (o casi todo) el tiempo, si no, se pierde el interés.

Te permite desahogar esa idea que de repente de ladra en la cabeza o ese sentir arrebatado por la frustración, entre diversos pensamientos que antes hubiera arrojado al universo de ceros y unos. Ahora bien, después de haber llenado páginas y páginas no va a pasar nada (aparentemente), es decir, no vas a cometer un error de juicio, nadie se va a ofender, no te van a apedrear por tus irreflexivas y radicales opiniones, borracho no habrá consecuencias con alguna exnovia. Pero tampoco recibirás tu microdosis de dopamina, por lo que tu cerebro comenzará a actuar diferente, más libre en mi opinión. Esa libreta es una herramienta de expresión y desahogo, pero sin consecuencias deletéreas, porque tampoco es un diario personal donde desnudas tus más profundos secretos, no, es una libreta de ideas y pensamientos rápidos.

Tal actividad parece inútil (aunque no me digan que las redes lo son), porque en teoría no pasa nada, es inerte, pero si pasa, pasa algo interesante, la personalidad que viertes en esos textos cortos es algo extraña dice cosas que antes de no decía o las dice diferente, pero en mi experiencia lo más llamativo fue tener la curiosidad (y facilidad) de darle una hojeada. Esa retrospección es muy rara, te hace reflexionar sobre lo que ocurrió en ese momento, no sé como explicarlo pero es en cierto modo atractivo, y novedoso, ya que nunca me había puesto a leer todo lo que escribí cuando tenía redes.

El experimento ha sido muy grato, sé que no me lo van a creer pero es incluso divertido, ya que me encontré enviándome pistas a mi yo del futuro que algún día leerá lo que escribo. Algo que me olvidaba mencionar es que al ser tan maleable se te ocurren cosas, como rayar, tachar, dibujar, garabatear, y todo ello (que normalmente no se ve en un medio digital) tiene significado.

No es mi intención andar evangelizando adictos digitales, pero si contarles que la experiencia me gusta y ahora es un hábito.


Pretérito imperfecto – José Saed Ayub

Cuando te viera por primera vez,
lenta, sigilosa, cuidadosamente,
iba a acercarme a ti,
como, curioso, se aproxima un gato
a otro gato desconfiado.

También con lentitud iba a tocarte
(como se toca un instrumento musical recién nacido),
a descifrar con prudencia tu sonrisa,
a desnudar de ruidos, con el reverso de mis yemas,
el lóbulo de tus orejas.

Te iba a pedir que musitaras buenos días,
iba a tañer en tu garganta la oscilación de la mañana.

Se iba a tratar de arrinconar el tiempo,
de estrechar la distancia con pequeñas cortesías.
Y, en esa carretera que conduce hasta tu casa,
con la tarde coloreada por tu voz durante horas,
cerrar, despacio, el abismo entre las manos.

Iba a ser perfecto.
Pero —con razón así lo nombraron los gramáticos—
iba es pretérito imperfecto.

Ya cerca, apuro el paso, me apresuro.
Tranquila, silenciosa, con cuidado,
te alejas,
como se aparta un gato herido
de un gato desconfiado.


Una soledad demasiado ruidosa – Bahumil Hrabal

Hant’a nuestro protagonista vive o ha vivido destruyendo el pensar y sentir humanos triturando y prensando libros, día tras día realiza la misma mecánica actividad, que si bien podría ejecutar de manera automática e irreflexiva, enfrenta ese mundo decadente que no respeta a nada ni a nadie, de la única manera que se le ocurre, atesorando joyas de la literatura, llenándose de toneladas de libros, que lo sacan temporalmente de un mundo asesino que aplasta todo. Pero requiere algo más, las letras y lo más selecto del pensamiento universal no son suficiente. Requiere algo más tangible, el alcohol, que lo tiene anestesiado y así poder realizar su actividad destructiva. Hasta que que como era esperable, para el tirano eso no es suficiente (porque nunca nada será suficiente) y se le exige ser más productivo, menos sensible, lo desean primariamente irracional; al no lograrlo sufre lo que para él es la humillación máxima, trabajar manipulando papel en blanco, sin alma ni pensamiento, el terreno virgen para que se llene de miasmas.

El final, su muerte, es esperada de un modo u otro, pero no de la forma en como ocurre.

Es un libro desolador, atascado de impotencia y nostalgia.


Frase robada – Bernardo Esquinca

La verdad suele encontrarse en los lugares menos pensados.


Bonus track

Esta es la libreta que se ha transformado en mi plataforma analógica de microblogueo
Tuve en evento de capacitación en Polanco, así que me fui a comer una pizza, que si bien estaba rica, no merita ir tan lejos por ella. El que sí, estaba riquísimo es el negroni que timidamente se encuentra detrás del vaso de agua mineral.

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