Invasión extraterreste

El juicio de Ángela sucedió de manera ordinaria, como aquellos en los que seres humanos eran los imputados, prácticamente un trámite administrativo. De inmediato despidieron a Ángela y llegó una notificación a su teléfono móvil indicándole que el derecho a la educación de Valentina había sido suspendido, y tenía dos horas para retirarla del centro técnico-formativo al que había sido asignada apenas hace un año. El mundo se le desmoronaba otra vez, hacía de menos de dos años que Miguel, su esposo, había muerto.

Se habían conocido en la universidad, eran profesores en el doctorado de física. Tuvieron a Valentina mientras estaban de sabático en Europa, cuando los tres tuvieron que regresar porque a la universidad le habían cancelado el financiamiento para proyectos “no indispensables”, que al inicio fueron todos los programas de maestría y doctorado, y a la postre prácticamente todas las licenciaturas, que fueron transformadas en cursos técnicos.

Tras la llegada de los embajadores del universo; estaba prohibido llamarles aliens o extraterrestres, ya que se afectaban sus derechos y se consideraba peyorativo; arribaron miles de avances en todos los campos del conocimiento, forzando a los gobiernos a frenar los desarrollos tecnológicos y científicos humanos, para crear hordas de especialistas que ya sólo se encargarían de implementar y mantener toda esta nueva tecnología, lo cual en un inicio parecía (otra vez) la solución a todos los problemas de la humanidad, pero esta milagrosa respuesta, convirtió en pocos años, al grueso de la humanidad en empleados, atrofiados, que sólo seguían un manual de instrucciones, a los que pagaban lo mínimo indispensable para apenas sobrevivir. Excepto un pequeño grupo de líderes que nunca perdieron su estatus y se codeaban con estos embajadores del universo, quienes les proveían de minerales raros en la tierra y tecnologías impensables, este encuentro de élites rápidamente excluyó a todos los seres humanos de un trato digno.

La humanidad dejó de serles útil, ya no eran requeridos para que les llenaran las bolsas de billetes comprando todos los productos que les ofrecían, ahora sus nuevos socios les proveían de riquezas que nunca imaginaron ver, así como respuesta a problemas de salud indisolubles e incluso la inmortalidad, pero no para todos, unos pocos habían regulado provechosamente estos acuerdos apenas llegaron a la tierra. Así, prácticamente todos estorbaban, afeaban con su pobreza el gran auge que el mundo experimentaba. Algunos lograron salvarse de la mendicidad.

Ángela fue capacitada como nana de los embajadores del universo que, por sus condiciones físicas distintas requerían de personas con el mayor grado educativo. Para Miguel las cosas no fueron del mismo modo, no tuvo más remedio que aceptar un empleo de estibador en un centro de reciclaje de madera, que por algún interesante motivo los embajadores del universo la consideraban un festín que los volvía locos; aunque las cenas entre humanos y los siempre bien recibidos visitantes eran de los más extrañas, ya que regurgitaban ácidos volver predigerible e engullirla, comportamiento que creó tendencia.

Habiendo tantas personas muriendo de hambre y sin empleo, las relaciones laborales se tornaron peligrosas. Un colega de Miguel amarró mal “accidentalmente”un cargamento con toneladas de madera, que al ser manipuladas con el montacargas, aplastaron a Miguel, dejándolo agonizar en uno de los cientos de hospitales que antes fuente de innovación, ahora apenas eran capaces de resolver problemas efímeros, por la falta de recursos técnicos y humanos. El puesto de Miguel fue ocupado inmediatamente por una persona que como otras tantas, habían sobornado a alguien para “liberar” un puesto de trabajo.

Ahora sola Ángela se enfrentaba a una situación muy compleja, su sueldo era insuficiente para solventar lo elemental. Se había ganado el aprecio de la unipareja a la que había sido asignada para cuidarles el primogénito. En el mismo cuerpo el gameto masculino y femenino convivían, un organismo bicéfalo y bisexuado, la envidia de los aburridos e individualistas seres humanos. Extraoficialmente la unipareja de embajadores del universo le donaban un poco de esos minerales raros, que vendía en el mercado negro y lograba apenas salir adelante con sus gastos. A cambio de contarles, primero, sobre si vida previa, después sobre su campo científico y finalmente aspectos elementales de la historia de la humanidad, esto último considerado sedicioso. Los únicos que podían contar la historia de la humanidad eran las élites, siempre a través de la aprobación de una “Coaliación internacional de la verdad” que entregaba una versión muy modificada de lo que había sido la historia. Los embajadores del universo eran muy superiores, podían haber dominado y destruido a la humanidad, pero lo único que no podían hacer era volver al pasado, por lo tanto la historia del mundo fue de gran interés y valor para elles, un recurso finito que sólo podían detentar unos cuantos. Alguna de las conversaciones entre Ángela y su unipareja se filtraron entre las otras personas de servicio, por lo que había dado oportunidad a que alguien más ocupara el puesto de Ángela apenas se informara del delito que estaba cometiendo.

Tras recoger a Valentina del centro técnico-formativo ya tenía una idea de lo que pasaría. En la puerta del minúsculo departamento, se le informaba que un juicio en su contra había sido ejecutado a través de una inteligencia universal; es decir una IA ultraavanzada gracias a la nueva tecnología y abundancia de minerales raros; y había sido encontrada culpable, por lo que se le entregaba un código de acceso único para entrar al departamento y en menos de cinco minutos retirar sus pertenencias y retirarse, ya que la habitación sería asignada al cumplirse ese plazo. Los encuentros con los recién llegados podían ser violentos al forcejear por sus objetos de valor.

Ángela no requería tanto tiempo, apenas contaba con algunas cosas, lo único que tomó fue un cuaderno, una pluma que se encontraban en la única mesa del departamento y lo poco que tenía de comida y agua. Al cerrar la puerta una notificación en el teléfono la invitaba a considerar alguna de las rutas de desalojo. Ya que permanecer en la calle era ilegal, y por lo tanto muy peligroso. Ángela y todos sabían que las rutas de evacuación eran un camino a la muerte, siempre había alguien con suficiente hambre para matar por las pertenencias de quienes las rondaban.

Cuando regresaron del sabático a firmar su “renuncia voluntaria” en la universidad, la violencia en las calles era patente, acordaron que si algo pasaba, se reunirían en una zona alejada de la ciudad, a pocas horas en auto, un bosque donde acostumbraban acampar, en su momento pareció algo razonable, pero caminando con una niña de seis años, la idea era rotundamente fantasiosa.

Ángela nunca consideró cuál distante se encuentra un sitio que habías conocido viajando en automóvil; pero cuando la energía que hacer ese viaje posible es la de tus piernas, o en especial las pequeñas extremidades de Valentina; en esas circunstancias cualquier sitio es un punto muy remoto que requiere arriesgar mucho en ello.

Se lo pensó un poco antes de asumir el riesgo, escapar de la ciudad y buscar una cueva en medio del bosque, en el pasado se hubiera considerado irracional, pero justo ahora que cualquier otra persona podía hacerte daño con tal de robar tus exiguas pertenencias, o los extraterrestres te delataran por mendicidad, delito que meritaba separla de su hija; en esas circunstancia el ostracismo era la única opción.

Revisó detalladamente las rutas de evacuación sugeridas, y aunque le tomara más tiempo, trazó una ruta que la sacaría de la ciudad pero evitaría al máximo los sitios más peligrosos, dónde sabía que serían presas fáciles. Era consciente de que contaba con poco tiempo antes de aparentar ser unas menesterosas, y por tanto blanco de la policía; así que, fingiendo un paseo común y corriente comenzarían a caminar, no sin antes calmar a Valentina, que no entendía nada de lo que estaba ocurriendo y había que convencerla de avanzar lo más que pudiera y tomar la menor cantidad de descansos.

Aparentando normalidad comenzaron a caminar, contraintuitivamente buscó transitar por barrios acomodados, su aspecto aun no sería sospechoso. En los parques donde humanos y extraterrestres convivían, ellas aprovechaban para recargar agua y observar detalladamente si algunos de los terrestres tiraba restos de comida que, podían ayudarle a mantener reservas para los días de incertidumbre que se avecinaban.

Conforme pasaban las horas, el plan trazado se estaba cumpliendo razonablemente, de momento lo más complicado era insistir a Valentina en continuar el camino, la niña aunque inteligente, se estaba fastidiando de caminar ininterrumpidamente, pero con paciencia, se estaba logrando avanzar a muy buen paso, lo que no se salía de la mente, era resolver el tema de dónde pasar la noche, ya que entonces sí, su presencia en esos civilizados espacios sería una anomalía que de inmediato delataría su estatus. Así que, mientras caminaban y el sol las acompañaba más a sus espaldas, su ánimo también se iba oscureciendo.

Conforme habían pasado las horas y se alejaban del centro de la ciudad, los barrios iban perdiendo glamour y la proporción de extrateterrestres/humanos se inclinaba por los locales, haciendo la travesía más peligrosa, en la situación actual el peor enemigo de un ser humando era otro igual a él, en particular los que se encontraban en el lado favorecido de la moneda.

Ya habían encontrado un comercio de víveres para “embajadores del universo” donde su clientela era primordialmente humana, que es encargaban de hacerles sus compras, y algún extraterrestre con ínfulas de indie que acudía personalmente a comprar sus víveres. Decidieron entrar una segunda vez, apenas unos minutos antes de la hora de cierre indicada en la puerta de ingreso. No sabía muy bien cómo lo iba a lograr, sólo se le ocurría el ocultamiento por obviedad. En el carro de las compras iban cargando las mismas cosas que el resto de los clientes, con una pequeña diferencia, traía una frazada que al pasar por la zona de muebles abandonó de manera indiferente sobre el regazo de una cama, haciendo parecerlo casi normal; continuó su trayecto y Valentina ejecutó su parte del plan, iban a jugar a las escondidas, y se iban a meter debajo de esa inmensa cama que, Ángela había seleccionado por estar acomodada para su exhibición sobre una gruesa alfombra que ayudaría a detener el frío del piso. Esperaron a que los vendedores y acomodadores se distrajeran con el anuncio del cierre de las instalaciones y Valentina caminó con naturalidad hacía la cabecera y se metió debajo. Prometió no salir por ningún motivo, hasta que su mamá volviera por ella.

Cuando escuchó la última llamada para el cierre del establecimiento, Ángela continuaba con su carro de compras a medio llenar y observó que una de las dependientas sacaba la ropa de los probadores, así que dejó las compras sobre el pasillo y se metió en ese diminuto espacio, subiendo lo pies en la silla que se encontraba en el interior y únicamente podía esperar, no sabía muy bien cual sería el momento de salir, pero ahora sólo le quedaba aguardar.

Estaba tan agitada que pensaba que sus latidos se escuchaban por toda la tienda, la cual se fue oscureciendo y silenciando. Cuando las luces lejanas dejaron de iluminar el vestidor, se atrevió a sacar la cabeza, y confirmó que casi toda la tienda estaba en penumbras, pocas dependientas aún permanecían ordenando las últimas cosas fuera de lugar. Alcanzó a ver hacia donde se encontraba Valentina y la frazada seguía encima de la cama, no lograba a distinguir la silueta de su hija, pero confiaba que todo iría bien.

Cuando escuchó las cortinas de metal cerrando definitivamente la tienda, aprovechó el estruendo para salir y casi en cuclillas se fue ocultando entre los pasillos, poco a poco se fue acercando a la zona donde había dejado a Valentina. A pesar del frío de la tienda, ella estaba empapada en sudor, escuchaba pasos a lo lejos que dejaban de serlo, lo que le indicaba que tenía que apresurarse. Estaba a pocos metros, realizó un último esfuerzo, alcanzó a colocarse al lado de la cama, tomó la frazada y desapareció.

Apenas se deslizó por debajo de la cama abrazó a Valentina, mientras le indicaba que guardara silencio. La niña sintió un par de lágrimas cayendo en su pelo, así que dejó que su madre la abrazara, sin moverse. Se quedaron dormidas muy juntas.

Ángela despertó sorprendida, no sabía cuanto tiempo había pasado, ni en qué momento Valentina la cubrió con la manta. Todo a su alrededor permanecía a oscuras, su hija no estaba entre sus brazos, a tientas buscó sin encontrarla. Se descubrió por completo y horrorizada se dio cuenta de que no estaba, miraba a su alrededor, y no lograba verla por ningún lado.

Otro de los apagones ya se había extendido más allá de la tarde. La comuna escondida en medio del bosque se tornaba lúgubre, las velas y mecheros apenas iluminaban algunos trayectos. Instintivamente los pobladores se acercaban poco a poco. Valentina los recibía con té tibio, conforme las familias se reunían, las niñas y niños que nacieron en ese extraradio forestal, no sabían del mundo mas allá de los linderos arbolados; por eso le pedían que contara alguna historia sobre el mundo civilizado donde ella creció y del cual fue expulsada, como todos los viejos que ya habían muerto. Sus historias eran conocidas entre los habitantes, sólo existían en su cabeza, pero las relataba con gran detalle, idénticas ocasión tras ocasión. Algunas tristes, otras trágicas, algunas divertidas, pero todas verdaderas. Cuando llegó siendo niña, huérfana, apenas hablaba, sólo podía pensar en los momentos que pasó con sus padres, para no olvidarles, conforme pasaba el tiempo se dedicó a vagar por la comuna y sus alrededores, observando en silencio, registrando mentalmente los sucesos relevantes en su vida y de los demás. Así a pesar de su edad avanzada poseía la historia de su microuniverso, desde que era una niña, intuitivamente sabía que los recuerdos eran la única forma de persistir, de rebelarse ante las versiones oficiales; recordar a Miguel feliz en Europa o Ángela dormida debajo de la cama en el centro comercial mientras estaban escapando, desde entonces Valentina supo que lo mejor que podía hacer era observar y guardar silencio, ya tendría oportunidad de hablar de lo ocurrido.

Valentina hubiera deseado que su madre hubiera sido igual de precavida que ella, apenas se había separado de su mamá unos minutos, escuchó voces ahogadas alrededor, otros niños igual que ella reptaban entre los pasillos de la tienda, la llamaron a señas y Valentina fue tras ellos, parecía un juego en el que recolectaban algunas cosas pequeñas, pero necesarias para la comuna, eran ágiles y se escabullían por cualquier hueco. Súbitamente sonaron las alarmas, automáticamente todos los niños buscaron la cloaca más cercana para escapar. Valentina estaba aterrada, pero el resto la jalaba de la mano en silencio y la llevaron con ellos, se perdió en la oscuridad del laberinto subterráneo.

Apenas levantando la tapa de las alcantarillas miraba a lo lejos una patrulla en la que intentaban someter a Ángela, para meterla al asiento trasero, en el forcejeo consiguió soltarse del agente de policía y correr sin ninguna dirección. Valentina aterrada observaba cómo es abatida a tiros, su llanto es apenas audible. La tomaron de la mano y se internaron en los ductos más profundos, caminaron silenciosos, hasta que encontraron la salida fuera de la ciudad. Los niños la abrazaron por un largo rato, sin mediar palabras tomaron rumbo hacia lo profundo del bosque.

Esa era la única historia que se reservaba, era su tesoro personal, su llegada a la comuna, y sobre la última vez que vio a su madre.