Relato – En otra vida (2a parte) | Poema – Saudades – Clarice Lispector | El ancho mundo – Pierre Lemaitre | Frase robada – Juan Villoro | Bonus track
En otra vida (2a parte)
Aún les faltaba para llegar a la casa de uno de los músicos, donde se había acordado que sería la fiesta de cierre de temporada que, además inauguraba las vacaciones en la universidad. Néstor y Mónica aprovecharon el frío para ir un poco más cerca de lo usual, tan sólo lo suficiente que permite la confianza de dos viejos conocidos.
Ninguno de los dos dio explicaciones sobre su comportamiento, era obvio que ambos habían establecido un recíproco y furtivo interés. En lugar de eso, con naturalidad inexplicable se pasaron todo el trayecto conversando y escuchando sin incomodas pausas, quienes los veían pasar pensarían que se estaban actualizando sobre las últimas noticias de su vida. Tras decenas de minutos ambos entregaron al otro una hoja de ruta, estableciendo sucesos, detalles que quien escuchaba, devoraba por entero.
Mónica se detuvo de improviso.
-¡Ya nos pasamos! -le dijo mientras le jaló el brazo a Néstor. Su mano decidida pero dócil lo sonrojó, él deseaba más que nada seguir sabiéndolo todo de ella. Mónica lo miró fijamente dos segundos.
-Tengo que ir a la fiesta -le dijo mirando los labios de Néstor- pero te la vas a pasar bien, lo prometo.
A nadie llamó la atención que Mónica entrara con alguien ostensiblemente mayor que ella, agarrado de la mano. Néstor estaba sorprendido de ver a los músicos comportándose tan normalmente, alejados de su papel impostado por la partitura. En algún momento Mónica se ofreció a ir por una ronda más de copas de vino. Néstor la observaba desenvolviéndose en la fiesta, la casa era grande, había gente platicando ruidosamente en todos lados. Al no volver, comenzó a caminar y ver a los invitados, después de haberlos estado observando desde su asiento toda la temporada, de algún modo esas personas le parecían familiares. Se había formado prejuicios sobre su comportamiento, basado en el instrumento que ejecutaban en las presentaciones. Al final todos eran bastante ordinarios, sólo le contrastaba un poco que la mayoría con vestido de noche o frac, se comportaban como cualquiera en las reuniones a las que en contadas ocasiones acudía Néstor con sus amigos.
Tras deambular un rato que le pareció más prolongado de lo usual, comenzó a buscarla entre las conversaciones, pero se había esfumado. Néstor ya comenzaba a barajar su opciones, entre las que se encontraba abandonar la fiesta y regresar por su bicicleta para volver a casa. Decidió ir a buscar algo que beber antes de partir, y cuando el mesero le entregó su copa de vino, Mónica se le acercó por la espalda, a un milímetro de tocar sus cuerpos, pero a la suficiente distancia para que él percibiera su calor.
-Te tengo una sorpresa -le dijo sutilmente al oído.
Se fue detrás de ella, atravesaron un par de salones y en el fondo, Néstor sospechó cuál era la sorpresa y se puso nervioso. En una esquina estaban cuatro chelistas y un par de violinistas; volteó a ver a Mónica que lo presentó a todas, y tras continuar la conversación, lo miró con picardía y preguntó si alguien deseaba algo de beber, una de ellas aprovecho para pedirle que rellenaran su copa mientras Néstor veía cómo se alejaba. Se quedó sorprendido, en el camino a la fiesta le había confesado su fascinación por las chelistas, pero después de un rato, volvió a preguntarse ¿dónde estaría Mónica? Satisfecha su parafilia musical, se despidió y fue a buscarla.
Ella lo observaba a lo lejos deambular, hasta que él sintió su mirada y se acercó hacia la esquina donde estaba sentada. Mónica le extendió la mano sugiriéndole que la ayudara a levantarse.
-Pensé que me dejarías abandonada -le dijo mientras se levantaba del sillón, sin soltarle la mano, Mónica lo adelantó y cruzaron la casa sin despedirse de nadie.
-Deja tu copa -le dijo Mónica cuando pasaron una mesa llena de botella vacías- en mi casa también hay de beber.
leer la tercera y última parte
Saudades – Clarice Lispector
Siento saudades de todo lo que marcó mi vida.
Cuando veo retratos, cuando percibo olores,
cuando escucho una voz, cuando me acuerdo del pasado,
yo siento saudades…
Siento saudades de amigos que nunca volví a ver,
de personas con las que ya no hablé ni me topé…
Siento saudades de mi niñez,
de mi primer amor, del segundo, del tercero,
del penúltimo y de aquellos que aun voy a tener, si Dios quiere…
Siento saudades del presente,
que no aproveché en lo absoluto,
recordando el pasado
y apostando por el futuro…
Siento saudades del futuro,
que, si idealizado,
probablemente no será como
pienso que va a ser…
Siento saudades de quien me dejó ¡y de quien yo dejé!
De quien dijo que vendría
y ni se apareció;
de quien apareció corriendo,
sin conocerme bien,
de quien nunca voy a tener
la oportunidad de conocer.
¡Siento saudades de los que se fueron y de quien no me despedí bien!
De aquellos que no tuvieron
cómo decirme adiós;
de gente que pasó por la acera del lado opuesto de mi vida
¡y que sólo atisbé de un vistazo!
Siento saudades de cosas que tuve
y de otras que no tuve
¡pero que quise mucho tener!
Siento saudades de cosas
que ni sé si existieron.
Siento saudades de cosas serias,
de cosas hilarantes,
de casos, de experiencias…
Siento saudades del cachorrito que tuve un día
y que me amaba fielmente, ¡como sólo los perros son capaces de hacerlo!
¡Siento saudades de los libros que leí y que me hicieron viajar!
Siento saudades de los discos que oí y que me hicieron soñar,
Siento saudades de las cosas que viví y de las que dejé pasar,
sin disfrutarlas del todo.
Cuántas veces tengo ganas de encontrar no sé qué…
no sé dónde…
para rescatar alguna cosa que ni sé qué es ni dónde la perdí…
Veo el mundo girando y pienso que podría estar sintiendo saudades
en japonés, en ruso,
en italiano, en inglés…
pero que mi saudade,
por haber nacido en Brasil,
sólo habla portugués, a pesar de que, allá en el fondo, pueda ser políglota.
Además, dicen que se acostumbra usar siempre la lengua patria,
espontáneamente cuando estamos desesperados…
para contar dinero… hacer el amor…
declarar sentimientos fuertes…
no importa el lugar del mundo en el que estemos.
Creo que un simple
“I miss you”
o no sé
cómo podamos traducir saudade en otra lengua,
nunca tendrá la misma fuerza y
significado de nuestra palabrita.
Tal vez no exprese correctamente
la inmensa falta
que sentimos de cosas
o personas queridas.
Y es por eso que tengo más saudades…
Porque encontré una palabra para usar todas las veces
que siento este vacío en el pecho,
medio nostálgico, medio sabroso,
mas que funciona mejor
que un signo vital
cuando se quiere hablar de vida
y de sentimientos.
¡Ella es la prueba inequívoca
de que somos sensibles!
De que amamos mucho
lo que tuvimos
y lamentamos las cosas buenas
que perdimos a lo largo de nuestra existencia…
El ancho mundo – Pierre Lemaitre
Debo iniciar confesando que por lo general no me gustan los libros que a priori implican una secuela. Pero en lo particular con mis escritores favoritos, hasta el momento han sido de mi completo agrado. Tampoco son tantos, Pierre Lemaitre y Carlos Ruíz Zafón.
Entrando en materia, El ancho mundo inaugura la trilogía de Los años gloriosos, la cual se sitúa, cronológicamente, después de la segunda guerra mundial. La novela cuenta las peripecias de una rica familia francesa afincada en Beirut. Por lo que se espera un entorno disfuncional con hijos que no están a la altura de quien se rompió la espalda para formar el patrimonio. Por supesto tal premisa se cumple, hay cuatro hijos que roban casi toda la atención del lector, y aunque son unos incapaces de manual, a lo largo de las páginas se van estructurando en seres complejos en los que se exploran diversas aristas del comportamiento humano, es decir se tornan interesantes.
La estructura es narrar sus aventuras en paralelo y ocasionalmente tienen encuentros fortuitos y otros infortuitos. Pier Lemaitre ya nos tiene muy bien adiestrados y sabemos que deben ocurrir eventos torales, de manera mágicamente e inexplicable las historias se entrelazan a modo de una telaraña, haciendo que los giros argumentales nos trastornen y confirmen nuestra creencia de que el autor es un genio.
En esta entrega el giro de tuerca no fue tan radical, pero lo que sí, muy inesperado, incluyendo un recurso que no había detectado, hacer referencia a personajes de otra trilogía, no ahondaré más para evitar el espóiler. El cierre del libro parece que será bastante obvio, pero en un párrafo abre una serie de conjeturas, las cuales sirven para salir volando a comprar la secuela que, seguramente leeré en breve.
Mientras tanto cerraré diciendo que no es el libro más contundente del francés, pero no desilusiona ni poco.
Frase robada – Juan Villoro
Las palabras pesan; quien las calla es su amo; quien las dice es su rehén.
Bonus track



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